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| Segunda oleada terrorista: IRA irlandés y FLN argelino — Dos guerras anticoloniales que cambiaron la historia (1919-1962) |
Introducción
Hay una pregunta que los imperios han intentado responder a su favor durante siglos, y que la historia siempre termina complicando: ¿cuándo un acto de violencia es terrorismo y cuándo es resistencia legítima? El IRA irlandés y el FLN argelino son dos de los casos más incómodos para responder esa pregunta. Uno luchó contra el Imperio Británico en las primeras décadas del siglo XX; el otro contra la Francia colonial en los años cincuenta y sesenta. Los dos usaron la violencia. Los dos fueron llamados terroristas por las potencias que combatían. Y los dos ganaron, lo que para algunos lo convierte retroactivamente en héroes y para otros en un argumento peligroso sobre la eficacia del terror. Ambos forman parte de lo que Rapoport llamó la segunda oleada terrorista: la oleada anticolonial. Y su historia, comparada en paralelo, dice cosas que ninguno de los dos bandos de aquel conflicto estaba dispuesto a reconocer en su momento.
🗺️ La segunda oleada: cuando el mapa del mundo empezó a romperse
Los terrorismos de la segunda oleada surgieron en los mandatos cuya autodeterminación era más complicada, como en Palestina, Argelia, Chipre o Irlanda del Norte. El terrorismo tenía un objetivo más allá de la retirada de la metrópoli del territorio: buscaban establecer un tipo de nación muy concreto. No era solo marcharse; era irse y dejar atrás un orden político completamente nuevo.
Lo que hace especialmente interesante a esta oleada es el cambio de lenguaje que introdujo. Menachem Begin, líder del Irgun israelí, fue el primero en rechazar la denominación de "terrorista" para identificarse a sí mismo y a su organización como freedom fighters que luchaban contra el terror gubernamental. Esta denominación se popularizó rápidamente porque hacía parecer a los movimientos anticolonialistas más legítimos. De terrorista a luchador por la libertad hay solo un cambio de perspectiva, y ambas denominaciones revelan más sobre quien las usa que sobre quien las recibe.
El modo de actuar de este terrorismo cambió con respecto a la oleada anarquista. Se impusieron tácticas de guerrilla: la táctica de "golpear y huir" es difícil de combatir, y el objetivo principal de estos golpes solía ser la policía. En muchos casos, las policías fueron sustituidas por unidades militares que carecían de experiencia para afrontar este tipo de lucha, lo que hizo que en no pocas ocasiones la respuesta fuera tan desmedida que los terroristas ganaban apoyos entre los ciudadanos. Ese mecanismo, la brutalidad del Estado como mejor herramienta de reclutamiento para los insurgentes, es la constante más perturbadora de la segunda oleada. Y el IRA y el FLN lo explotaron con maestría.
🍀 El IRA: cuando Irlanda decidió que ya había esperado suficiente
La historia del IRA original no empieza en los años setenta con los atentados en Londres que muchos recuerdan, sino mucho antes, en la Irlanda de principios del siglo XX, cuando el nacionalismo irlandés llevaba décadas intentando sacudirse el dominio británico por las vías políticas, y décadas fracasando. El IRA Original o IRA Antiguo nació en 1919, reconocido por el Primer Dáil como el ejército legítimo de la República de Irlanda en abril de 1921.
Lo que precedió a ese reconocimiento fue una guerra de independencia de una brutalidad calculada. El comandante militar Michael Collins diseñó una estrategia que hoy estudian los teóricos de la insurgencia en todo el mundo: ataques selectivos contra la infraestructura de inteligencia británica, eliminación sistemática de agentes del servicio secreto, emboscadas a las fuerzas de seguridad. Los británicos respondieron enviando a los famosos Black and Tans, ex combatientes de la Primera Guerra Mundial reconvertidos en una fuerza paramilitar que se hizo célebre por su brutalidad indiscriminada contra la población civil irlandesa. El resultado fue exactamente el que Rapoport describe: cada atrocidad británica era gasolina para el fuego republicano.
El Tratado Anglo-Irlandés de 1921 trajo la independencia, pero también la semilla de décadas de conflicto adicional. El Tratado permitía que los condados del noroeste de religión protestante, la Irlanda del Norte, salieran de la nueva República Irlandesa y se reincorporaran al Reino Unido. Para los republicanos más duros, eso no era la victoria sino la traición: media Irlanda libre y media Irlanda todavía bajo la corona. De inmediato estalló una guerra civil en Irlanda, entre junio de 1922 y mayo de 1923. El IRA que había luchado unido contra los británicos se partió en dos: los que aceptaban el Tratado y los que no. Una herida que tardó décadas en cicatrizar y que explica mucho de lo que vendría después.
🇩🇿 El FLN: la guerra que Francia se negó a llamar guerra
Si el caso del IRA es un ejemplo de insurgencia anticolonial relativamente contenida en sus métodos más extremos —al menos en su etapa inicial—, el caso del FLN argelino es algo cualitativamente diferente: una guerra de liberación nacional que alcanzó cotas de violencia que escandalizaron al mundo entero, en ambos sentidos.
El Frente de Liberación Nacional fue fundado en marzo de 1954 por un grupo de jóvenes nacionalistas musulmanes que cuestionaba a los partidos nacionalistas tradicionales por su inoperancia e incapacidad para defender los derechos de los argelinos. El contexto era tan elocuente que casi no necesita explicación: Argelia era una posesión colonial de Francia desde 1830. Para 1954 la población colonial de origen europeo alcanzaba el millón de habitantes dentro de un total de nueve millones de argelinos en su mayoría musulmanes. Los colonos disfrutaban de una calidad de vida elevada gracias a los privilegios políticos, económicos y sociales del orden colonial, mientras que el resto de la población argelina debía pagar una cuota elevada de impuestos de la que no disfrutaba los beneficios.
Esa desigualdad brutal, sostenida durante más de un siglo, es el caldo de cultivo de toda la violencia que vino después. Las hostilidades comenzaron el 1 de noviembre de 1954, cuando el FLN declaró de manera pública y oficial la guerra contra Francia. Y lo que convierte este caso en un referente histórico tan citado es que la experiencia argelina con el FLN en los años cincuenta constituyó la piedra angular en la aplicación del terror con el propósito de afectar fines políticos. Por primera vez, el terrorismo indiscriminado y generalizado fue usado exitosamente en una guerra de liberación nacional, que incluyó también elementos de una revolución social representada por un movimiento de masas. Desde entonces, Argelia ha llegado a ser el "modelo" para el "uso creativo de la violencia". Una distinción que no es un elogio.
⚔️ La Batalla de Argel: el terrorismo urbano como manual de instrucciones
El momento más estudiado —y más perturbador— de la guerra de independencia argelina es la llamada Batalla de Argel, el episodio entre 1956 y 1957 que convirtió la capital argelina en un laboratorio de la violencia urbana. El FLN consiguió poco a poco implantarse territorialmente y decidió llevar a cabo una campaña de ataque a las principales ciudades. La capital fue asediada y bombardeada durante meses y miles de civiles murieron.
La respuesta francesa fue igualmente demoledora en términos morales. Los franceses tuvieron órdenes de responder con todo, y se reportaron casos de ejecuciones extrajudiciales, métodos que atentaban contra los derechos humanos, represión desmedida, torturas e incluso la creación de campos de concentración para la población argelina. Medidas que escandalizaron a la opinión internacional. El general Jacques Massu y su 10ª División Paracaidista recibieron todos los poderes para restablecer el orden. Lo que hicieron con esos poderes es materia de debate histórico desde hace sesenta años. El reconocido historiador francés Pierre Vidal-Naquet estimó que hubo "cientos de miles de casos de tortura" por parte del ejército francés en Argelia.
Hasta el año 1999, Francia siguió calificando la guerra de independencia de Argelia de una simple "operación de orden público" contra el "terrorismo" del FLN, negándose a considerar el conflicto colonial como una guerra, ya que eso significaría reconocer a la otra parte como una entidad legítima. El poder semántico de llamar "terrorismo" a lo que el otro hace y "mantenimiento del orden" a lo que uno hace es uno de los grandes mecanismos de legitimación política de la historia moderna. Y Francia lo usó durante décadas con una eficacia que solo la distancia histórica ha terminado de desmontar.
La Batalla de Argel fue tan cinematográficamente brutal que en 1966 el director italiano Gillo Pontecorvo rodó una película homónima sobre ella que ganó el León de Oro en Venecia y fue prohibida en Francia durante cuarenta años. La película fue proyectada por el Pentágono a sus marines antes de mandarlos a Irak: los militares estadounidenses querían entender cómo funciona una insurgencia urbana en carne propia. Si eso no dice algo sobre la vigencia histórica del caso argelino, ya no sé qué podría decirlo.
🔍 Lo que los dos casos tienen en común, y lo que los separa
Comparar el IRA y el FLN es un ejercicio revelador porque los dos comparten el esquema básico de la segunda oleada —pueblo colonizado, potencia imperial, lucha armada como último recurso— pero difieren en métodos, escala y legado de maneras que importan.
El IRA original de 1919-1921 fue relativamente quirúrgico en sus ataques, concentrándose en objetivos militares y de inteligencia más que en la población civil. El FLN, en cambio, no hizo esa distinción con la misma consistencia. Los atentados en cafeterías y mercados de Argel en los años cincuenta se cobraron vidas de civiles europeos y argelinos por igual. Eso no cambia la naturaleza colonial e injusta del orden que combatían, pero sí complica cualquier narrativa heroica sin matices.
Lo que los une con más fuerza es el mecanismo de la brutalidad colonial como catalizador. En Irlanda, los Black and Tans radicalizaron a sectores de la población que de otro modo habrían permanecido neutrales. En Argelia, la represión desmedida de las autoridades francesas tras los primeros atentados de los independentistas hizo que el apoyo entre la población aumentara. Los imperios, al intentar aplastar la insurgencia con fuerza bruta, la alimentaron. Una y otra vez. En Irlanda y en Argelia, pero también después en Vietnam, en Irak, en Afganistán. La historia repite la misma lección y los grandes poderes siguen sin aprenderla.
El resultado final también los une: los dos ganaron. El Estado Libre de Irlanda nació tras la Guerra de Independencia y la firma del Tratado Anglo-Irlandés el 6 de diciembre de 1921. La guerra de Argelia terminó con el reconocimiento por parte de Francia de la independencia de Argelia el 5 de julio de 1962, a través de los acuerdos de Evian. Dos victorias que costaron un precio enorme en vidas humanas y en décadas de conflicto adicional, porque ninguna independencia de la segunda oleada fue limpia ni llegó sin factura.
Para profundizar en el análisis comparado de estos conflictos, el trabajo del historiador Juan Avilés recogido en Después del 68: la deriva terrorista en Occidente ofrece el contexto más riguroso disponible en castellano, y el archivo documental de Le Monde Diplomatique en español sigue siendo una referencia indispensable sobre el caso argelino.
💭 Reflexión final
Hay algo que el IRA y el FLN nos obligan a preguntarnos y que ningún manual de historia responde cómodamente: ¿existe un límite moral en la violencia anticolonial? ¿O la injusticia del orden que se combate justifica cualquier método para derribarlo? Frantz Fanon, el psiquiatra martiniqués que teorizó la descolonización desde dentro del conflicto argelino, argumentó que la violencia era terapéutica para el colonizado, que era la única forma de recuperar la dignidad arrebatada. Jean-Paul Sartre le dio su entusiasta apoyo intelectual desde París. Hannah Arendt los rebatió a ambos con una sola pregunta: ¿y qué queda de la humanidad cuando la violencia se convierte en virtud?
Seis décadas después, esa conversación no ha terminado. Y quizás no deba terminar, porque cada vez que el poder aplasta una aspiración legítima de libertad con fuerza bruta, las condiciones para la próxima segunda oleada vuelven a estar servidas. ¿Crees que la violencia anticolonial estaba justificada históricamente? ¿O hay siempre un camino alternativo que no se exploró suficientemente? Deja tu respuesta en los comentarios: esta es exactamente la conversación que "La Verdad Compartida" existe para tener.
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- El Domingo Sangriento de Derry (1972) — El día que el ejército británico disparó contra manifestantes desarmados en Irlanda del Norte y convirtió el IRA Provisional en el grupo paramilitar con más reclutamiento de su historia.
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✍️ Nota Editorial
Con este artículo "La Verdad Compartida" completa una tetralogía sobre las oleadas terroristas del siglo XX y XXI que esperamos que te haya dado herramientas para pensar la violencia política de forma más matizada y más honesta. Ninguna de estas historias es simple, y ninguna cabe en un titular. Gracias por leer hasta el final y por tomarte en serio la historia. Hay muchos más hilos que tirar en este blog, y todos conducen al mismo lugar: entender mejor un mundo que no se explica solo.

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