☠️ "La Firmeza del Estado": Cómo Italia Dejó Morir a su Mejor Político y lo Llamó Heroísmo

Aldo Moro, 55 días secuestrado por las Brigadas Rojas, once balazos y un Renault rojo. El magnicidio que cambió Italia para siempre. Historia, misterio y política.

Recreación del hallazgo del cuerpo de Aldo Moro en el maletero de un Renault 4 rojo, Roma, 9 de mayo de 1978, caso Brigadas Rojas.
El Renault Rojo de la Muerte de Aldo Moro (fuente: Il Fatto Quotidiano)

Introducción

Hay crímenes que no solo matan a una persona: matan también una época, una posibilidad, quizás incluso una esperanza. El asesinato de Aldo Moro en la primavera de 1978 fue exactamente eso. El hombre que soñaba con reconciliar a la democracia cristiana con los comunistas italianos terminó acribillado a balazos dentro del maletero de un Renault 4 de color rojo, aparcado con una precisión casi teatral a igual distancia de las sedes de los dos partidos que él quería unir. Italia llevaba años viviendo en lo que los historiadores llaman los anni di piombo —los años de plomo—, un periodo de violencia política sin cuartel entre grupos de extrema izquierda y extrema derecha. Pero el caso Moro no fue un episodio más: fue el punto donde todo se precipitó, donde las preguntas sin respuesta empezaron a multiplicarse como grietas en una presa, y donde la política italiana mostró su cara más fría e implacable.

🎯 El hombre que querían borrar del mapa

Para entender por qué las Brigadas Rojas eligieron a Aldo Moro como objetivo, hay que entender lo que Moro representaba. No era simplemente un político veterano —aunque lo era, habiendo sido primer ministro en cinco ocasiones—. Era el arquitecto de algo que en Italia sonaba casi a herejía: el compromesso storico, el compromiso histórico. La idea era sencilla pero explosiva: que la Democracia Cristiana y el Partido Comunista Italiano (PCI) de Enrico Berlinguer gobernaran juntos, o al menos se apoyaran mutuamente, para sacar al país de una crisis económica y social que lo estaba deshaciendo por las costuras.

Moro era el principal artífice de esa estrategia de solidaridad nacional, y su último discurso, el 28 de febrero de 1978, lo había dedicado precisamente a convencer a sus compañeros de partido para apoyar el ingreso del PCI en el área de gobierno. Para las Brigadas Rojas, eso era una traición en mayúsculas: el PCI se había domesticado, había aceptado las reglas del juego capitalista, y Moro era el puente que sellaba esa rendición. Eliminarle era, en su lógica revolucionaria, atacar "el corazón del Estado". Y así lo dijeron, con esa retórica grandilocuente que siempre acompaña a quienes matan con teoría política en la mano.

🩸 16 de marzo de 1978: La emboscada perfecta (o casi)

Una tormenta de plomo se abatió sobre los vehículos de la comitiva. Los cinco escoltas no tuvieron tiempo ni de desenfundar las armas: fueron masacrados. Y solo un hombre permaneció ileso y aterrorizado, Aldo Moro. Todo ocurrió en la Via Fani de Roma, en cuestión de minutos, cuando Moro se dirigía al Parlamento para asistir a la votación de confianza del gobierno de Giulio Andreotti, precisamente el gobierno que iba a consagrar ese acercamiento histórico entre la DC y el PCI.

Que la fecha no fue casual es algo que aún se debate. Mario Moretti, uno de los principales dirigentes de las Brigadas Rojas, afirmaría años después que la coincidencia con la proclamación del gobierno fue totalmente fortuita. Puede creérsele o no. Lo que sí resulta difícil de ignorar es la precisión casi quirúrgica de la operación. Los terroristas abatieron a los cinco escoltas sin ocasionar ningún daño a Moro, una operación que sorprende viniendo de jóvenes sin formación militar alguna. De hecho, 49 de los 91 disparos efectuados salieron de una misma arma, lo que alimentó sospechas sobre la posible participación de elementos externos con mayor entrenamiento.

Ese detalle, aparentemente menor, es uno de los muchos agujeros negros del caso Moro. Y hay más.

📬 55 días, cartas al vacío y un Estado que dijo que no

Durante 55 días, Aldo Moro escribió desde su cautiverio. Escribió cartas a su familia, a sus compañeros de partido, al Papa Pablo VI, que era su amigo personal desde los tiempos de la juventud universitaria católica. Pidió mucho papel para escribir. Escribió mucho, y fue poco escuchado. En sus cartas al partido, las acusaciones eran durísimas: los estaba abandonando a su suerte, eligiendo la firmeza del Estado por encima de su vida. "Mi sangre caerá sobre vosotros", llegó a escribir.

El gobierno de Andreotti, con el respaldo de casi todo el arco político italiano, se negó a negociar. La postura oficial era que no se podía ceder al chantaje terrorista. Solo el Partido Socialista de Bettino Craxi, el Vaticano y algunos amigos personales de Moro abogaron por una solución dialogada. El Papa Pablo VI rogó una y otra vez a los secuestradores que liberaran a su amigo, y el Vaticano llegó a ofrecer en secreto hasta 10.000 millones de liras —unos 5,5 millones de dólares— a cambio de su libertad. Fue en vano.

Puede discutirse si la firmeza del Estado fue heroica o cobarde. Lo que cuesta más defender es la frialdad con la que algunos compañeros de partido de Moro gestionaron aquellos días, como si la muerte del hombre que había construido la DC moderna fuera, en el fondo, un problema que se resolvía solo. La viuda de Moro, Eleonora, nunca les perdonó. Nunca permitió que hubiera un funeral de Estado.

🕵️ Las sombras del caso: CIA, KGB y demasiadas preguntas sin respuesta

A pesar de los 13.000 policías movilizados, los 40.000 registros domiciliarios y los 72.000 controles de carretera, la policía italiana no llevó a cabo ninguna detención durante los casi dos meses que duró el secuestro. Que una democracia occidental con semejante despliegue de recursos no lograra encontrar a un hombre en 55 días ha alimentado durante décadas las teorías conspirativas más dispares.

La más inquietante viene de una fuente difícil de ignorar. El psiquiatra cubano-estadounidense Steve Piecznick, especializado en tomas de rehenes y enviado a Roma por el presidente Jimmy Carter, afirmaría en sus memorias que, junto con el ministro del Interior Francesco Cossiga, manipularon a las Brigadas Rojas para que mataran a Moro porque el país estaba al borde de la desestabilización total. Si esto es verdad, la historia del caso Moro deja de ser solo una tragedia del terrorismo para convertirse en algo mucho más oscuro. Cossiga, que llegaría a ser presidente de la República italiana, nunca lo negó del todo. Y ese silencio ensordecedor dice mucho.

El magnicidio también mató antes de nacer el compromiso histórico que Moro había tejido con los comunistas, un acercamiento que inquietaba tanto a Washington como a Moscú. Que los dos grandes poderes de la Guerra Fría compartieran ese malestar ante un posible gobierno de izquierda moderada en Italia es uno de los grandes datos del contexto que los libros de historia suelen mencionar de pasada, quizás porque incomoda demasiado.

⚰️ El final: once balazos y un Renault rojo

El 7 de mayo de 1978, Moro envió una carta de despedida a su mujer. Escribió: "Me han dicho que me van a matar en poco tiempo. Te beso por última vez." Dos días después, le ordenaron cubrirse con una manta dentro del maletero de un coche diciéndole que lo trasladarían a otro lugar. Nunca llegó.

El cuerpo de Moro apareció el 9 de mayo de 1978 en el maletero de un Renault 4 de color rojo, encogido, tapado con una manta y con once balazos en el corazón. El lugar no fue elegido al azar: se encontraba a 150 metros de la sede del Partido Comunista y a 200 de la sede de la Democracia Cristiana. El mensaje era brutal en su simbolismo: aquí está lo que queda de vuestro compromiso histórico.

Mario Moretti confesó años después ser el autor material del asesinato. "No habría permitido que lo hiciese otro", afirmó. Una frase que, viniendo de alguien que hoy camina libre por Italia tras cumplir su condena, tiene un peso particular.

🔍 El legado: lo que Moro no pudo terminar

El asesinato de Moro fue determinante para dos hechos: significó el principio del fin de las Brigadas Rojas, porque muchos de sus integrantes se alejaron de la organización por no estar de acuerdo con el crimen. Y, al mismo tiempo, mató el Compromesso Storico. La izquierda italiana tardó décadas en encontrar otro camino hacia el poder. La Democracia Cristiana siguió gobernando hasta que se hundió en los escándalos de corrupción de los años noventa. Y la pregunta de si Italia podría haber tomado otro rumbo político si Moro hubiera sobrevivido quedó flotando en el aire, sin respuesta, como tantas otras preguntas de este caso.

En 2024, el eco del caso Moro sigue presente de formas inesperadas. En septiembre de 2024, Argentina detuvo a Leonardo Bertulazzi, ex miembro de las Brigadas Rojas vinculado a la logística del secuestro de Moro, uno de los prófugos más buscados por la justicia italiana y europea, que había vivido durante décadas en Buenos Aires amparado por el estatus de refugiado político. La historia, al parecer, tiene paciencia infinita.

Para profundizar en la documentación histórica del caso, el trabajo académico publicado en la Revista de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante ofrece un análisis riguroso de la estrategia política durante el secuestro, y National Geographic Historia recoge con detalle los misterios que permanecen abiertos.

💭 Reflexión final

Hay algo profundamente perturbador en la historia de Aldo Moro que va más allá del terrorismo. Un hombre que escribía cartas desesperadas desde su celda, rogando a sus compañeros que hicieran algo, cualquier cosa, para salvarle la vida. Y esos compañeros, con la bandera de la firmeza democrática en la mano, dejaron que muriera. ¿Fue eso valentía política o conveniencia encubierta? ¿Salvaron al Estado o se salvaron a sí mismos? Cuarenta y cinco años después, Italia no ha terminado de responder esa pregunta. Y quizás esa incapacidad para cerrar el caso dice más sobre la naturaleza del poder que cualquier libro de historia.

¿Crees que los Estados tienen derecho a sacrificar a sus ciudadanos en nombre de un principio? ¿O hay un límite donde la firmeza se convierte en indiferencia criminal? Deja tu opinión en los comentarios: este es exactamente el tipo de debate que "La Verdad Compartida" existe para tener.

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  1. La Operación Gladio — La red clandestina de la OTAN en Italia diseñada para frenar un posible avance comunista, que algunos investigadores vinculan con los atentados de los años de plomo.
  2. El caso Piazza Fontana (1969) — La masacre terrorista que inició los años de plomo italianos, atribuida al terrorismo neofascista con posibles conexiones con los servicios secretos.
  3. El Otoño Alemán (1977) — El equivalente alemán del caso Moro, cuando la Fracción del Ejército Rojo (RAF) secuestró al empresario Hanns-Martin Schleyer en una crisis simultánea al secuestro de un avión de Lufthansa, con un desenlace igualmente trágico.

✍️ Nota Editorial

En "La Verdad Compartida" creemos que la historia no es un depósito de datos polvorientos, sino un espejo donde el presente se reconoce a sí mismo. El caso Moro nos habla de terrorismo, sí, pero también de lealtad, de cobardía institucional, de las zonas grises donde el poder toma decisiones que nadie quiere firmar. Gracias por leer hasta el final: eso ya dice mucho de ti. Si este artículo te generó más preguntas que respuestas, vas por buen camino.

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