La cuarta oleada terrorista según Rapoport: de la Revolución Iraní al ISIS, el terrorismo religioso que cambió el mundo para siempre.
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| Infografía sobre las cuatro oleadas del terrorismo moderno: de los anarquistas del siglo XIX al yihadismo global del siglo XXI. |
Introducción
Hay momentos en la historia donde el mundo gira sobre su propio eje y ya nada vuelve a ser exactamente igual. 1979 fue uno de esos momentos, aunque entonces pocos lo entendieron así. En cuestión de meses, un ayatolá derrocó al sha de Irán, la Unión Soviética invadió Afganistán y un grupo de fanáticos tomó la Gran Mezquita de La Meca, el lugar más sagrado del islam. Tres eventos aparentemente inconexos, tres detonadores que en conjunto encendieron la mecha de lo que el politólogo David C. Rapoport bautizaría como la cuarta oleada terrorista: la oleada religiosa. Lo que vino después —Al Qaeda, el 11-S, los atentados de Madrid y Londres, el ISIS y su califato de sangre— no fue un accidente de la historia ni el producto del odio irracional de unos pocos locos. Fue la consecuencia lógica de una oleada que tardó décadas en formarse y que aún hoy, casi medio siglo después, no ha terminado de romper.
🌊 El hombre que entendió el terrorismo como marea
Para hablar de la cuarta oleada hay que hablar primero del hombre que le puso nombre. David C. Rapoport, catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad de California, publicó en 2004 un artículo que cambió la forma en que los académicos y los servicios de inteligencia de todo el mundo piensan sobre el terrorismo. Su tesis era elegante y provocadora a partes iguales: el terrorismo moderno no es caótico ni aleatorio. Se desarrolla en oleadas que duran aproximadamente cuarenta años, cada una con su propia energía ideológica, sus propios métodos y su propia geografía.
Rapoport identificó cuatro de esas oleadas: la anarquista, la anticolonial, la de la nueva izquierda y la religiosa. Las tres primeras ya habían llegado y se habían ido cuando él escribía. La cuarta estaba en pleno apogeo. Y lo más inquietante de su teoría era el dato sobre los plazos: si cada oleada dura cuarenta años y la religiosa comenzó en 1979, la cuarta oleada debería haber terminado alrededor del año 2009. Que no lo hiciera invita a preguntarse si estamos ante una excepción al patrón, o ante algo cualitativamente distinto a todo lo anterior.
El trabajo académico de Rapoport puede consultarse en su versión en castellano a través de la Fundación Manuel Giménez Abad, que publicó la transcripción de su conferencia en las Cortes de Aragón.
🕌 1979: El año que lo cambió todo
Para entender la cuarta oleada hay que entender por qué 1979 fue el año cero de una nueva era del terror. Ese año, prácticamente simultáneos, ocurrieron tres hechos que ningún analista supo leer en conjunto en tiempo real.
Primero, la Revolución Iraní. El ayatolá Jomeini demostró que una movilización religiosa podía derribar a un gobierno respaldado por la superpotencia americana. El islamismo chií de la revolución iraní inspiró a grupos como Hezbolá, que se convertiría en uno de los actores más poderosos del terrorismo con patrocinio estatal en las décadas siguientes. Segundo, la invasión soviética de Afganistán. Estados Unidos financió y armó a las guerrillas afganas para frenar el avance soviético, entre ellas a combatientes árabes como Osama bin Laden, que acabarían uniéndose a Al Qaeda. Nadie en Washington pareció pensar demasiado en lo que pasaría cuando esa guerra terminara y miles de combatientes radicalizados y entrenados militarmente volvieran a casa convencidos de haber derrotado a una superpotencia. Tercero, la toma de la Gran Mezquita de La Meca, un episodio menos conocido pero igualmente perturbador: un grupo de fanáticos saudíes tomó el lugar más sagrado del islam exigiendo la purificación del mundo musulmán de toda influencia occidental. Fue sofocado, pero el mensaje quedó flotando en el aire.
El referente ideológico que inspirará al yihadismo global procederá de las corrientes más conservadoras del islamismo suní, generalmente conocidas como salafistas. Y en 1979, esas corrientes encontraron de repente un viento de cola histórico que no habían tenido nunca.
💣 De Al Qaeda al ISIS: La oleada en acción
Si la tercera oleada tuvo sus Brigadas Rojas y su RAF, la cuarta tuvo a Al Qaeda. Y si Al Qaeda fue el terrorismo de la era de los aviones secuestrados y los campos de entrenamiento en Afganistán, el Estado Islámico (ISIS) fue su mutación más letal y mediáticamente sofisticada.
El 11 de septiembre de 2001, diecinueve miembros de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales y los convirtieron en misiles: dos contra las Torres Gemelas de Nueva York, uno contra el Pentágono y otro que se estrelló en un campo de Pensilvania. El resultado fue 2.996 muertos, más de 25.000 heridos y al menos 10.000 millones de dólares en daños materiales. Fue el atentado más mortífero de la historia, y también el más deliberadamente espectacular: un mensaje televisado en directo al mundo entero.
Pero lo que hace especialmente perturbadora a la cuarta oleada no es un solo atentado sino su capacidad de mutación y dispersión. A diferencia del terrorismo de ETA o el IRA, cuyo objetivo era la independencia de un territorio concreto, el motor de la cuarta oleada es la implantación global de la sharia y la creación de un territorio musulmán sin fronteras nacionales. Ese objetivo sin límites geográficos hace que la amenaza sea, por definición, global e inagotable. Los terroristas de esta oleada fueron además los primeros en disponer de internet, una plataforma que disparó la audiencia y la velocidad de los flujos de información de forma exponencial, y que usaron para darse publicidad, reclutar militantes y enviar mensajes. El ISIS llevaría esto al extremo, construyendo una máquina de propaganda digital sin precedentes en la historia del terrorismo.
🔍 Lo que hace diferente a esta oleada
La literatura académica ha establecido que el terrorismo de la cuarta oleada se caracteriza por desarrollarse principalmente en Oriente Medio, el Norte de África y el Sur de Asia; por una mayor presencia de atentados suicidas; por el uso de explosivos y asaltos armados; y por ser, con diferencia, la oleada más letal de todas las que describe Rapoport.
Pero hay algo más profundo que los datos estadísticos. Las tres primeras oleadas, por violentas que fueran, tenían objetivos que en teoría podían negociarse: la revolución social, la independencia nacional, el fin del colonialismo. La cuarta oleada no negocia porque su objetivo no es político en el sentido convencional: es apocalíptico. No quiere reformar el mundo; quiere purificarlo. Y eso la convierte en algo para lo que las democracias occidentales no tenían —y en muchos casos siguen sin tener— herramientas adecuadas.
La respuesta occidental tampoco salió gratis. Las guerras en Afganistán e Irak, lejos de terminar con el terrorismo yihadista, contribuyeron a su expansión y consolidación en varios continentes, y sirvieron de pretexto para que numerosos gobiernos fortalecieran políticas autoritarias y restringieran libertades civiles. La "guerra contra el terror" se convirtió en un negocio circular: cuanto más se combatía, más se expandía el fenómeno que se pretendía erradicar.
⏳ ¿Ha terminado la cuarta oleada? ¿O estamos ante una quinta?
Esta es la pregunta que más incomoda a los expertos, porque la respuesta honesta es que no lo sabemos. Según el patrón de Rapoport, la cuarta oleada debería haberse agotado hace más de una década. El académico alemán Peter Neumann, director del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización del King's College de Londres, propone que en lugar de una gran oleada de cuarenta años estamos ante varias mini-oleadas. Y sostiene que Europa se encuentra en el inicio de una nueva de ellas, con la que se verá confrontada durante los próximos años.
Los datos recientes no invitan al optimismo. En los ocho meses siguientes al 7 de octubre de 2023 se produjeron al menos veintisiete ataques yihadistas, intentos de ataque o ataques planeados en Europa Occidental, más de cuatro veces más que en todo el año 2022. Puede que la cuarta oleada no haya terminado. O puede que ya estemos viendo los primeros movimientos de la quinta, alimentada esta vez por nuevas causas, nuevos agravios y nuevas tecnologías que Rapoport no podía anticipar cuando escribió su artículo hace más de veinte años.
Lo que sí parece claro es que la teoría de las oleadas sigue siendo la herramienta conceptual más útil que tenemos para no perdernos en el ruido de los atentados individuales y ver el bosque detrás de los árboles. El análisis completo sobre la transición entre la tercera y la cuarta oleada puede leerse en la Revista de Estudios Jurídicos y Criminológicos, que publicó en 2025 un estudio empírico riguroso sobre las diferencias entre ambas.
💭 Reflexión final
Hay algo profundamente incómodo en la teoría de las oleadas que vale la pena nombrar: si el terrorismo se desarrolla en ciclos relativamente predecibles, eso significa que en cierta medida es posible anticiparlo. Y eso, a su vez, invita a preguntarse cuánto de lo que ha ocurrido desde 1979 era evitable. Las guerras que alimentaron el radicalismo, los regímenes autoritarios que Occidente sostuvo por conveniencia, las invasiones que generaron más terroristas de los que eliminaron. La cuarta oleada no surgió de la nada: surgió de decisiones políticas concretas tomadas por personas concretas que hoy no rinden cuentas ante nadie.
¿Crees que la cuarta oleada ha terminado o está mutando hacia algo nuevo? ¿Y qué responsabilidad tienen las potencias occidentales en haber alimentado el fuego que ahora intentan apagar? Este es exactamente el debate que "La Verdad Compartida" existe para tener. Escríbelo en los comentarios.
📢 CALL TO ACTION
Si este artículo te hizo ver el terrorismo con otros ojos, compártelo con alguien que crea que el yihadismo es simplemente "odio religioso" y demuéstrale que la historia es mucho más compleja y mucho más incómoda que eso. Y si quieres seguir tirando del hilo, el artículo sobre el caso Aldo Moro y los años de plomo te espera en el blog: la tercera oleada y la cuarta tienen más conexiones de lo que parece.
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✍️ Nota Editorial
En "La Verdad Compartida" creemos que el terrorismo es demasiado importante para dejárselo solo a los gobiernos y a los canales de noticias de 24 horas. Entenderlo de verdad requiere historia, análisis y la voluntad de hacer preguntas incómodas. Gracias por leer hasta aquí: ya eres parte de esa conversación. Hay mucho más hilo que tirar en este blog, y lo peor —o lo más interesante, según se mire— siempre está en los detalles que nadie quiere contar.

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