✊ "La Revolución o la Muerte": Cuando la Izquierda Radical Europea Decidió Cambiar el Mundo a Balazos
La tercera oleada terrorista: Brigadas Rojas, RAF, ETA e IRA. Cómo la nueva izquierda armada convirtió los años 60-80 en los años de plomo de Europa.
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| La tercera oleada terrorista: Brigadas Rojas, RAF, ETA e IRA — Los años de plomo en Europa (1968-2010) |
Introducción
Hay una imagen que resume perfectamente la tercera oleada terrorista y su tragedia esencial: un grupo de jóvenes universitarios de clase media, con el Che Guevara en el póster y Marx en la estantería, convencidos de que la revolución no llegaría por las urnas sino por las armas. Se llamaban a sí mismos vanguardia del proletariado. El proletariado, en su inmensa mayoría, nunca los quiso. Y sin embargo, durante casi tres décadas, desde finales de los años sesenta hasta bien entrados los noventa, llenaron Europa de atentados, secuestros y cadáveres mientras esperaban que las masas se levantaran a su lado. Las masas nunca llegaron. Lo que sí llegó fue una generación entera de víctimas, una Europa que aprendió a vivir con el miedo y la incómoda pregunta de por qué tanta inteligencia puede conducir a tanta barbarie.
📚 El contexto: cuando 1968 salió mal
Para entender la tercera oleada hay que entender qué pasó en 1968, o más exactamente, qué no pasó. Ese año fue el gran ensayo general de la revolución en Occidente: las barricadas de París, el Maggio italiano, la Primavera de Praga, el movimiento estudiantil en Alemania y México. El mundo parecía a punto de cambiar para siempre. Y luego no cambió. Los estudiantes volvieron a casa, De Gaulle ganó las elecciones, el capitalismo siguió en pie y la URSS aplastó Checoslovaquia con sus tanques.
Para la mayoría de los jóvenes radicalizados de aquella generación, el fracaso del 68 fue una decepción que procesaron con el tiempo y continuaron su vida. Pero para una minoría, la lección fue otra: que la revolución no podía venir de las marchas y los debates, sino de la lucha armada. La articulación del terrorismo de extrema izquierda respondió a tres procesos: la tradición y fe en la revolución armada presente en Europa desde el siglo XVIII; el escaso eco de las llamadas a la violencia en la población europea, que imposibilitó una táctica insurreccional masiva; y la influencia y el éxito de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo, como Cuba, Argelia o Vietnam.
Cuba, sobre todo, fue el gran espejo. Si el Che y Fidel habían derrocado a Batista con un puñado de guerrilleros, ¿por qué no podría hacerse lo mismo en Europa? La respuesta, que todos estos grupos tardaron décadas en aceptar, es que Europa no era Cuba. Pero para cuando lo entendieron, ya había demasiada sangre derramada.
🗺️ Un mapa del terror europeo: de Berlín a Bilbao
La tercera oleada estuvo protagonizada principalmente por bandas de extrema izquierda: la RAF en la República Federal Alemana, las Brigadas Rojas en Italia, Action Directe en Francia, sucesivos Ejércitos Rojos en Japón, o el FRAP y los GRAPO en España. Cada uno con sus particularidades, pero todos compartiendo una retórica común: el Estado capitalista era el enemigo, la violencia era legítima y ellos eran la vanguardia de una clase obrera que, inexplicablemente, nunca terminaba de sumarse a la fiesta.
También ocurre algo interesante en esta oleada: elementos de la segunda oleada, como el IRA irlandés, giran a la izquierda para convertirse en grupos mixtos, a caballo entre el nacionalismo y el marxismo. Y algunos grupos presentan esa mixtura de motivos, añadiendo el carácter nacionalista al extremo-izquierdista: ETA, el ASALA armenio, el FLNC corso y otros. Esto hace que la tercera oleada sea más heterogénea que las anteriores: hay grupos puramente ideológicos y grupos donde la ideología marxista es el barniz nuevo que se le da a un viejo pleito nacional.
Lo que los unía a todos, más allá de las diferencias, era la colaboración transnacional. Es conocido el hecho de que organizaciones terroristas palestinas ayudaron a formar para la acción a elementos de otros grupos: la RAF, el IRA, el Ejército Rojo Japonés o ETA se beneficiaron de adiestramiento por parte de grupos palestinos en Oriente Medio y el norte de África. El terrorismo de los años setenta fue, antes de que existiera internet, una red global con sus propios circuitos de formación, financiación y apoyo mutuo. Más que los anteriores, el movimiento terrorista de la tercera oleada tuvo un marcado carácter internacionalista, no en el sentido de buscar apoyos de opinión pública internacional, sino en el de actuar de forma transnacional.
🔫 Los protagonistas: Brigadas Rojas, RAF y el precio del idealismo armado
Las Brigadas Rojas italianas y la RAF alemana son los dos grandes símbolos de la tercera oleada en Europa continental, y su historia paralela es casi un estudio comparado del fracaso del terrorismo ideológico.
Las Brigadas Rojas nacieron en los talleres de la fábrica Pirelli de Milán a principios de los setenta, convencidas de que la clase obrera italiana era su ejército potencial. Su primera acción armada data de 1974, y su acción más conocida fue el secuestro y posterior asesinato del ex primer ministro Aldo Moro el 16 de marzo de 1978, que costó además la vida a los cinco miembros del equipo de seguridad del político. Italia vivió en esos años una violencia política sin precedentes: grupos de extrema izquierda y extrema derecha convirtieron la década en lo que los historiadores llaman los anni di piombo, los años de plomo.
La RAF alemana, conocida popularmente como la banda Baader-Meinhof por sus fundadores Andreas Baader y Ulrike Meinhof, siguió una trayectoria aún más dramática. El periodo más intenso de su actividad ocurrió durante el llamado Otoño Alemán de 1977: en abril de ese año asesinaron al fiscal general Siegfried Buback junto a su escolta y su chófer; en julio al banquero Jürgen Ponto, presidente del Dresdner Bank; y en septiembre secuestraron a Hanns Martin Schleyer, presidente de la patronal alemana, exigiendo la liberación de sus líderes encarcelados.
Lo que vino después es una de las historias más cinematográficas de la Guerra Fría. El secuestro de Schleyer coincidió con el secuestro del vuelo LH181 de Lufthansa, que partió de Palma de Mallorca hacia Frankfurt el 13 de octubre de 1977 con 91 personas a bordo, ejecutado por cuatro miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina en apoyo a la RAF. El avión, que pasaría a la historia con el nombre de Landshut, inició un periplo de cinco días por Roma, Chipre, Baréin, Dubái y Adén hasta llegar a Mogadiscio. El canciller Helmut Schmidt se negó a negociar. La unidad de élite GSG-9 asaltó el avión y liberó a los rehenes. La exitosa liberación de los rehenes provocó el suicidio de los líderes de la RAF encarcelados, Andreas Baader, Gudrun Ensslin y Jan-Carl Raspe, en la que se conoce como la Noche de Stammheim. A consecuencia de esto, la RAF asesinó inmediatamente a Schleyer en venganza, aunque sin beneficio alguno y con la pérdida de algunos de sus miembros más importantes.
La pregunta que ese otoño de 1977 dejó flotando en el aire era exactamente la misma que el caso Moro dejaría en Italia un año después: ¿tiene el Estado derecho a sacrificar a sus ciudadanos en nombre de la firmeza? Alemania dijo que sí. Italia también. Y en ambos casos el terrorismo perdió la batalla, pero las víctimas pagaron el precio.
🇪🇸 ETA e IRA: cuando el terrorismo tiene bandera propia
ETA y el IRA son los casos más longevos de la tercera oleada y los que más se alejan del modelo puramente ideológico, porque en ambos casos la identidad nacional pesa tanto o más que la ideología marxista. El 7 de junio de 1968 ETA acabó con la vida de su primera víctima mortal, el guardia civil de Tráfico José Antonio Pardines. En Irlanda del Norte la UVF lealista ya había asesinado en 1966; el IRA Provisional hizo lo propio en 1969.
En Europa Occidental, el caso de Irlanda del Norte fue el más mortífero: entre 1969 y la primera mitad de los años noventa, aproximadamente 3.700 personas fallecieron debido a acciones armadas de tipo sectario. Le siguió ETA como organización terrorista más letal a nivel europeo. Dos conflictos con raíces históricas profundas, donde la violencia política tenía un sustrato popular que las Brigadas Rojas o la RAF nunca lograron construir.
Lo que hace especialmente interesante comparar ETA e IRA con los grupos puramente ideológicos es precisamente su mayor durabilidad. Mientras que el terrorismo de la nueva izquierda se estructuraba en grupos con estructura piramidal organizados por reparto de tareas, los grupos etnonacionalistas como ETA o el IRA disponían de una base social más amplia que les permitió una mayor duración temporal. Dicho de otro modo: cuando tu causa tiene arraigo en una comunidad, la brutalidad del Estado la alimenta en lugar de apagarla. Cuando tu causa es una abstracción ideológica que el proletariado nunca terminó de abrazar, el tiempo y la derrota trabajan en tu contra.
💀 El agotamiento: por qué fracasaron todos
Ninguno de aquellos terrorismos consiguió triunfar. Únicamente lograron llenar de dolor los territorios donde actuaron. La pregunta es por qué fracasaron, y la respuesta tiene varias capas.
La primera es la más obvia: las razones de la derrota de estas organizaciones muestran elementos comunes: la acción combinada de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el rechazo social. A medida que los atentados se multiplicaban y las víctimas dejaban de ser únicamente símbolos del sistema para convertirse en personas normales —jueces, profesores, empresarios, escoltas—, el apoyo social que estos grupos esperaban nunca llegó. Al contrario: cada atentado les alejaba más de la clase obrera que decían representar.
La segunda razón es histórica: la caída del Muro de Berlín en 1989 dejó huérfana de referente ideológico a la izquierda armada europea. Para 1990 solo la RAF, ETA y los GRAPO se mantenían en pie. El hundimiento del proyecto soviético fue para estos grupos lo que el fin de la Guerra Fría fue para muchos actores geopolíticos: una desorientación total de la que nunca se recuperaron del todo. La RAF desapareció en 1998, emitiendo un comunicado donde afirmaba que la guerrilla urbana, en la forma de la RAF, pasaba a la historia.
ETA resistió más. Su última víctima mortal fue el policía francés Jean-Serge Nérin, asesinado en marzo de 2010. Se trataba ya de una antigualla, pero todavía era letal. El IRA había anunciado su desarme en 2005. La tercera oleada, la más larga y mortífera de las tres primeras, se apagó no con una gran derrota sino con un agotamiento lento y sostenido, como una hoguera a la que nadie sigue echando leña.
Para profundizar en el análisis académico de estos grupos, el Glosario Audiovisual de las Víctimas del Terrorismo, elaborado por la Fundación Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, ofrece documentación rigurosa y testimonial. Y el análisis histórico de Gaizka Fernández Soldevilla disponible en su blog académico es probablemente la referencia más solvente en castellano sobre el fenómeno.
💭 Reflexión final
Hay algo profundamente perturbador en la historia de la tercera oleada que cuesta mirar de frente: muchos de sus protagonistas eran personas inteligentes, cultas e incluso idealistas. No eran monstruos salidos de ninguna parte. Eran jóvenes que habían leído demasiado a ciertos autores y demasiado poco a las personas reales a quienes decían querer liberar. La distancia entre la teoría revolucionaria y el llanto de las familias de las víctimas es la mayor condena moral de toda esta historia.
Y sin embargo, la pregunta incómoda persiste: ¿en qué se diferencia moralmente quien mata por una causa justa de quien mata por una causa equivocada? ¿Es la legitimidad de la causa lo que redime la violencia, o la violencia corrompe inevitablemente cualquier causa que la adopta? Cuarenta años después, la historia de la tercera oleada sigue siendo el mejor argumento disponible para la segunda respuesta.
¿Crees que existe algún contexto en que la violencia política esté justificada? ¿O la historia de la tercera oleada demuestra precisamente que no? Deja tu opinión en los comentarios: aquí nadie tiene miedo a las preguntas difíciles.
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✍️ Nota Editorial
En "La Verdad Compartida" creemos que entender el terrorismo no significa justificarlo: significa negarse a conformarse con explicaciones fáciles que no explican nada. La tercera oleada fue un fenómeno complejo, doloroso e instruido por ideas que se llevaron a sus peores consecuencias. Gracias por acompañarnos en este recorrido. Si llegaste hasta aquí, ya tienes en la mano tres piezas de un mismo puzle: Moro, la cuarta oleada y ahora esta. El puzle completo vale la pena.

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