MINURSO: la única misión de paz de la ONU sin mandato para vigilar derechos humanos. 34 años mirando hacia otro lado en el Sáhara Occidental. Análisis y claves.
Introducción
Hay una pregunta que cualquier estudiante de derecho internacional debería hacerse al estudiar las misiones de paz de la ONU, y que muy pocos libros de texto se molestan en responder: ¿cómo es posible que la única misión de Naciones Unidas desplegada en un territorio donde se documentan violaciones sistemáticas de derechos humanos sea, precisamente, la única misión de la ONU sin mandato para vigilar los derechos humanos? La MINURSO —Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental— lleva desplegada desde 1991 en uno de los conflictos más longevos y más ignorados del mundo. Fue creada para organizar un referéndum que nunca se celebró. Lleva treinta y cuatro años renovando su mandato anualmente sin poder cumplir su objetivo principal. Y la omisión del componente de derechos humanos en su mandato no es un olvido burocrático ni un error de diseño: es una decisión política deliberada que dice todo lo que hay que saber sobre quién tiene realmente poder en el Consejo de Seguridad de la ONU y para qué lo usa. Ya analizamos el saqueo de los fosfatos, la pesca ilegal en aguas saharauis y el muro marroquí. La MINURSO es la cuarta pieza del mismo puzle: la institución que debería poner freno a todo lo anterior y que, en cambio, lo hace posible con su silencio.
📋 Qué es la MINURSO y para qué se creó
La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental se estableció por la Resolución 690 del Consejo de Seguridad de 29 de abril de 1991, de acuerdo con las propuestas de arreglo aceptadas por Marruecos y el Frente Polisario. El plan de arreglo establecía un período de transición para preparar la celebración de un referéndum en el que el pueblo del Sáhara Occidental eligiera entre la independencia y la integración con Marruecos.
El plan era, sobre el papel, razonablemente claro. Un alto el fuego, una misión de observación internacional, la preparación de un censo electoral basado en el censo español de 1974 y un referéndum de autodeterminación que debía celebrarse en un plazo breve. Cuando en 1991 Naciones Unidas creó la MINURSO, el objetivo era claro: organizar una consulta de autodeterminación que permitiera al pueblo saharaui decidir su futuro. Más de treinta años después, la misión continúa presente sobre el terreno, pero el referéndum nunca se ha celebrado.
Lo que ocurrió entre ese plan razonablemente claro de 1991 y la realidad de 2025 es una de las historias más instructivas sobre cómo funcionan realmente las instituciones internacionales cuando los intereses de las grandes potencias entran en conflicto con los derechos de los pueblos pequeños. Spoiler: los derechos de los pueblos pequeños pierden casi siempre, y la maquinaria burocrática de la ONU sigue rodando como si nada, renovando mandatos que no puede cumplir y emitiendo resoluciones que nadie aplica.
🚫 La anomalía que nadie explica: sin mandato de derechos humanos
Aquí está el dato que más debería escandalizar a cualquier defensor del sistema internacional de derechos humanos, y que sin embargo aparece con una discreción llamativa en los informes oficiales: el Consejo de Seguridad de la ONU se niega a incorporar la vigilancia de la situación de los derechos humanos en el mandato de la MINURSO, lo que impide documentar los abusos de forma independiente, como sí hacen otras misiones de la ONU.
No hay observadores de derechos humanos. No hay mecanismo independiente para documentar detenciones arbitrarias, torturas o represión de activistas saharauis. No hay observadores externos independientes. Marruecos no autoriza la entrada allí a periodistas, abogados, activistas o políticos del extranjero. Y la misión de la ONU que está desplegada sobre el terreno no puede hacer nada al respecto porque su mandato expresamente no incluye esa función.
Amnistía Internacional lleva años pidiendo que la MINURSO incorpore un componente independiente e imparcial de vigilancia de derechos humanos, con el mandato y los recursos para monitorear eficazmente los abusos tanto en el Sáhara Occidental como en los campamentos de Tinduf, subrayando que durante los más de cuarenta años del conflicto territorial se han cometido repetidamente violaciones y abusos graves de los derechos humanos por parte tanto de las autoridades marroquíes como del Frente Polisario. Cuarenta años de peticiones. Cuarenta años de mandatos renovados sin ese componente. La coincidencia entre la persistencia de la petición y la persistencia de su denegación no es casual.
En 2011 durante la discusión por su renovación, varios países del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pidieron que se ampliara su mandato para velar por los derechos humanos. La propuesta fue bloqueada. ¿Por quién? Por Francia, el aliado histórico de Marruecos en el Consejo de Seguridad, que ejerció su influencia para evitar que cualquier mecanismo de supervisión independiente pudiera documentar lo que ocurre en el territorio ocupado. Un veto informal que no requiere el veto formal del artículo 25 de la Carta porque basta con que los aliados de Rabat dejen claro que no aprobarán ninguna resolución que incluya ese componente.
🔄 34 años renovando un mandato fallido: la burocracia del fracaso
Treinta y cuatro años después de su creación, el referéndum sigue bloqueado por las maniobras dilatorias de Marruecos, mientras que la misión ha sido reducida a una estructura administrativa desarmada y con un papel casi simbólico. Cada octubre, el Consejo de Seguridad vota la renovación del mandato de la MINURSO. Y cada octubre, la resolución aprobada dice prácticamente lo mismo que la del año anterior, con el mismo llamamiento a una "solución política mutuamente aceptable" y la misma ausencia de mecanismos para hacerla posible.
La Resolución 2797 aprobada el 31 de octubre de 2025 renueva el mandato de la MINURSO hasta el 31 de octubre de 2026, y califica la propuesta marroquí de autonomía del Sáhara Occidental como "la solución más viable" al conflicto. Esa última frase es especialmente reveladora: el Consejo de Seguridad, el órgano que en teoría garantiza el derecho internacional, ha empezado a presentar como "más viable" una solución que no incluye el referéndum de autodeterminación que su propia resolución fundacional de 1991 mandaba organizar. Es la legalización progresiva del statu quo de la ocupación a través del lenguaje diplomático.
Renovar la MINURSO pero sin mandato para cumplir su función. Hablar de autodeterminación pero sin referéndum. Mencionar las dos partes del conflicto pero sin citar al representante internacionalmente reconocido del pueblo saharaui. Ese doble lenguaje permite mantener la ficción de un proceso abierto, cuando en realidad estamos ante un escenario cerrado por la fuerza. Cada resolución de este tipo normaliza un poco más la ocupación. Y la MINURSO, renovada año tras año, es el instrumento que da cobertura institucional a esa normalización.
🌍 Francia, Estados Unidos y el bloqueo sistemático
Para entender por qué la MINURSO funciona como funciona hay que entender quién bloquea sistemáticamente cualquier mejora de su mandato y por qué. La respuesta tiene dos nombres: Francia y Estados Unidos, aunque por razones y con intensidades distintas.
Francia es el aliado histórico de Marruecos en el Consejo de Seguridad. Su posición sobre el Sáhara Occidental nunca ha sido neutral: desde los años setenta, París ha sido el principal garante diplomático de los intereses de Rabat en los foros internacionales, bloqueando o suavizando cualquier resolución que pudiera presionar a Marruecos hacia el cumplimiento del derecho internacional. Las razones son múltiples: lazos históricos coloniales, intereses económicos, cooperación en seguridad y la influencia de la comunidad marroquí en Francia como factor de política interior.
Estados Unidos ha tenido una posición más variable, pero con una tendencia clara hacia el apoyo a Marruecos. La resolución 2797 fue aprobada con 11 votos a favor, 3 abstenciones de China, Rusia y Pakistán, y ningún voto en contra. Que China y Rusia, que habitualmente bloquean cualquier iniciativa occidental en el Consejo de Seguridad, se hayan abstenido en lugar de votar a favor dice algo sobre la naturaleza de esta resolución: no defiende los derechos del pueblo saharaui sino que consolida el statu quo que Marruecos ha impuesto por la fuerza.
Y el giro más reciente es el más alarmante. Todo apunta a que el texto de la resolución 2797 es prácticamente idéntico al documento presentado por Estados Unidos como proyecto, que prioriza la propuesta marroquí ignorando otras alternativas fundadas en el derecho internacional. Washington no solo no presiona a Marruecos: diseña las resoluciones que consolidan su posición. El intercambio Trump-Marruecos-Israel de 2020, donde el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara fue la moneda de cambio de la normalización entre Rabat y Tel Aviv, ha dejado una huella diplomática que las administraciones posteriores no han borrado.
⏳ El referéndum que nunca llegará: el bloqueo del censo
El mecanismo técnico del bloqueo es tan elegante en su perversidad que merece explicarse con detalle. El referéndum previsto en los acuerdos de alto el fuego de 1991 nunca ha llegado a realizarse, principalmente por disputas sobre el censo electoral y la inclusión de colonos marroquíes en el eventual referéndum.
El plan original establecía que el censo electoral debía basarse en el censo español de 1974, que registraba a la población saharaui presente en el territorio antes de la invasión marroquí. Marruecos exigió que se incluyeran también los ciudadanos marroquíes que había instalado en el territorio durante la ocupación. El secretario general modificó sustancialmente el criterio claro y objetivo del censo español de 1974, lo que abrió una disputa que llevaría años sin resolverse. Si los colonos votan, el resultado del referéndum está predeterminado: la población marroquí instalada en el territorio supera con creces a la saharaui. Si los colonos no votan, Marruecos bloquea el proceso. Es una trampa perfecta, diseñada para que el referéndum sea imposible sin necesidad de rechazarlo formalmente.
Las discrepancias sobre quién debía formar parte del censo electoral y las tensiones políticas entre las partes paralizaron el calendario previsto. En aquel momento, muchos observadores consideraron que el referéndum podría celebrarse en un plazo relativamente breve. Treinta y cuatro años después, esos observadores optimistas han aprendido una lección sobre cómo funciona la diplomacia cuando una de las partes tiene aliados poderosos y la otra no.
🔮 2025: ¿el final del proceso?
La situación actual de la MINURSO es más precaria que nunca. El alto el fuego que supervisaba se rompió en 2020. El referéndum que debía organizar se aleja cada año un poco más. Y las últimas resoluciones del Consejo de Seguridad apuntan hacia una "solución" que no es una solución sino una rendición: la autonomía saharaui bajo soberanía marroquí, que el Frente Polisario rechaza como contraria al derecho de autodeterminación.
Cada resolución de este tipo contribuye a normalizar la ocupación militar marroquí, el saqueo de los recursos naturales y la represión en los territorios ocupados, mientras que decenas de miles de saharauis continúan en el exilio, en campamentos en Argelia, sobreviviendo gracias a la ayuda internacional. La MINURSO, en este contexto, ha pasado de ser una misión con un objetivo claro a ser un mecanismo de legitimación del statu quo, una presencia simbólica que permite a la comunidad internacional decir que "está haciendo algo" en el Sáhara sin hacer realmente nada que incomode a Marruecos.
Para seguir la actualidad del proceso con datos verificados, la plataforma No Te Olvides del Sáhara Occidental publica el seguimiento más riguroso disponible en castellano de las resoluciones del Consejo de Seguridad y sus implicaciones. Y el análisis académico más completo sobre la historia y evolución de la MINURSO puede consultarse en la revista Foro Internacional del Colegio de México, que publicó un estudio exhaustivo sobre sus antecedentes, misiones y perspectivas.
💭 Reflexión final
Hay una frase que resume con brutal precisión lo que la MINURSO representa en el conflicto saharaui: una misión creada para organizar un referéndum que Marruecos nunca tuvo intención de celebrar, supervisada por un Consejo de Seguridad que nunca tuvo intención de obligarle a celebrarlo. Treinta y cuatro años de renovaciones anuales, treinta y cuatro años de resoluciones que repiten las mismas palabras, treinta y cuatro años de un pueblo esperando que el sistema internacional cumpla las promesas que le hizo.
La MINURSO no es un fracaso accidental. Es un fracaso diseñado. Y la pregunta que eso nos obliga a hacernos no es solo sobre el Sáhara Occidental: es sobre qué significa realmente el derecho internacional cuando los que tienen poder para aplicarlo deciden que no les conviene hacerlo. ¿Crees que la ONU puede reformarse para ser realmente efectiva, o el poder de veto de las grandes potencias la condena permanentemente a ser un instrumento de legitimación del statu quo? Deja tu respuesta en los comentarios.
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✍️ Nota Editorial
Con este artículo "La Verdad Compartida" completa una tetralogía sobre el conflicto saharaui que ha recorrido el expolio de sus recursos, la ilegalidad de su ocupación y el fracaso deliberado de las instituciones creadas para resolverlo. No es una serie cómoda. Tampoco pretende serlo. Gracias por leer hasta el final y por negarte a mirar hacia otro lado. Eso, en tiempos de ruido informativo, ya es un acto político.

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