🐟 El Pulpo que Europa Prefiere No Ver: La Pesca Ilegal en Aguas Saharauis y la Doble Moral de la UE

Barco pesquero industrial faenando en aguas del Sáhara Occidental, territorio ocupado ilegalmente por Marruecos, en el contexto del acuerdo pesquero UE-Marruecos declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Introducción

Hay un pulpo en tu plato que tiene historia. No la historia romántica del pescador madrugador y el mar en calma, sino una historia mucho más incómoda: la de un caladero expoliado, un pueblo sin Estado que nadie escucha y una Unión Europea que durante décadas firmó acuerdos que sus propios tribunales declaraban ilegales, los ignoró, los refirmó y volvió a ignorar las sentencias. El Sáhara Occidental lleva cincuenta años siendo el gran olvidado del derecho internacional, ocupado por Marruecos desde 1975 sin que ninguna potencia occidental haya tenido el valor de decirle a Rabat que se vaya. Y mientras el conflicto político languidece en los despachos de la ONU, los caladeros saharauis —algunos de los más ricos del Atlántico— siguen siendo esquilmados por flotas europeas, rusas y chinas que se reparten un botín que no les pertenece. Si ya analizamos en este blog el saqueo de los fosfatos saharauis como uno de los grandes negocios sucios de la geopolítica contemporánea, la historia de la pesca ilegal en estas aguas es el mismo saqueo, con otro disfraz y con el mar de fondo.

🌊 Un caladero de oro en aguas robadas

Para entender por qué las aguas saharauis importan tanto, hay que entender qué hay en ellas. Las costas del Sáhara Occidental bañan más de 1.200 kilómetros de litoral atlántico donde la corriente de Canarias genera uno de los ecosistemas marinos más productivos del mundo. Pulpo, besugo, merluza, sardina, boquerón, pez sable: una abundancia que convierte este caladero en uno de los más codiciados de todo el Atlántico Oriental.

Se calcula que la práctica totalidad del pulpo exportado hacia Europa desde Marruecos procede de bancos saharauis. Y ahí está el nudo del problema: Marruecos exporta como marroquí lo que extrae de un territorio que el derecho internacional no reconoce como marroquí. Más del 90% de las capturas permitidas en el acuerdo pesquero UE-Marruecos se realizan en los espacios marítimos saharauis. Es decir, sin las aguas saharauis, el acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos no pescaría prácticamente nada. Lo que durante años se vendió como cooperación pesquera con Marruecos era, en su esencia, explotación de recursos de un territorio ocupado ilegalmente. Y todo el mundo lo sabía.

Marruecos destina los fondos europeos del acuerdo pesquero al Plan Halieutis, orientado a la construcción de infraestructura y equipamientos del sector pesquero mayoritariamente en el Sáhara Occidental ocupado, pero donde la población saharaui queda excluida de ese desarrollo pese a sus continuas protestas. Parte de los ingresos que Marruecos recibe por los acuerdos de pesca son destinados al desarrollo y acondicionamiento de pueblos pesqueros formados casi en su totalidad por colonos marroquíes. Es decir, el dinero europeo no solo pagaba por pescar en aguas robadas: también financiaba la colonización demográfica del territorio. Una operación de ingeniería política pagada, en parte, con fondos comunitarios.

⚖️ La UE contra sí misma: una década de sentencias ignoradas

La historia jurídica de los acuerdos pesqueros UE-Marruecos es uno de los episodios más kafkianos de la historia de las instituciones europeas. Un relato de tribunales que dicen una cosa, gobiernos que hacen otra, y el derecho internacional usado como papel mojado cada vez que interfería con los intereses económicos de la flota española y francesa.

El 17 de julio de 2023 venció el plazo de cuatro años fijado en el protocolo por el que se aplica el acuerdo de colaboración de pesca sostenible entre la Unión Europea y el reino de Marruecos, que fue aprobado por la Decisión 2019/441 del Consejo y permitía a las flotas pesqueras de la Unión ejercer sus actividades en aguas adyacentes al Sáhara Occidental, a cambio de una contrapartida financiera de 208,7 millones de euros.

Pero ese acuerdo ya había sido declarado ilegal por sus propios tribunales. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló de forma definitiva los acuerdos de pesca y agricultura suscritos con Marruecos. La decisión se basa principalmente en que el pueblo saharaui "no ha prestado su consentimiento" para la explotación del territorio, hecho que supone una "vulneración de los principios de autodeterminación y del efecto relativo de los tratados".

La respuesta de Bruselas ante esas sentencias fue, en el mejor de los casos, curiosa. El Consejo Europeo recurrió la sentencia del Tribunal General de la UE que en septiembre de 2021 anuló el acuerdo. Es decir, las instituciones europeas recurrieron la sentencia de sus propios tribunales para poder seguir haciendo lo que esos tribunales habían declarado ilegal. Y cuando el Tribunal de Justicia confirmó en octubre de 2024 que todo era ilegal, la Comisión Europea abrió la puerta a negociar un nuevo acuerdo pesquero con Marruecos apenas un año después del fallo judicial.

El Frente Polisario denuncia los intentos europeos de mantener la "piratería marroquí" y advierte que se opondrá, con la ley en la mano, a todo intento de firmar acuerdos que afecten al mar territorial del Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui. Una advertencia que Bruselas escucha, anota y archiva.

🇪🇸 España: el mayor beneficiario y el más interesado en mirar para otro lado

Si hay un país europeo que tiene más que perder con el fin de los acuerdos pesqueros saharauis, ese es España. El acuerdo pesquero beneficiaba fundamentalmente a la flota española, que concentraba 92 de las 138 licencias que faenaban en las ricas aguas saharauis. Las flotas andaluza, canaria y gallega han dependido históricamente de estos caladeros, y el fin del acuerdo ha generado una crisis sectorial real que ningún gobierno español ha querido asumir con honestidad.

Los pescadores españoles, en especial los canarios, entienden la postura de las autoridades saharauis y esperan que pueda haber algún cambio que les vuelva a permitir salir a faenar. Lo cual es, en cierto modo, más honesto que la postura de sus gobiernos: los pescadores canarios saben perfectamente que están faenando en aguas que no son de Marruecos, lo admiten en privado y lo que piden es que alguien negocie con quien corresponde.

Porque existe una salida legal, aunque nadie en Madrid ni en Bruselas parece muy interesado en explorarla. El Frente Polisario ha ofrecido facilitar las cosas y ha permitido a la flota española operar en sus aguas, pero ello requeriría de la autorización de España y de Bruselas, y que cualquier licencia esté firmada por los representantes saharauis y no por el Gobierno de Marruecos. Una solución que reconocería implícitamente la distinción entre aguas marroquíes y aguas saharauis, y que Rabat vetaría de inmediato. Y ahí está el verdadero nudo del problema: España no puede negociar con el Polisario sin enfurecer a Marruecos, y Marruecos es demasiado importante geopolíticamente para que nadie se atreva a enfurecerlo.

🌍 La dimensión global: Rusia, China y el vacío que Europa dejó

La decisión europea de respetar por fin las sentencias de sus propios tribunales y no renovar el acuerdo pesquero no ha dejado las aguas saharauis en paz. Simplemente ha cambiado quién las explotaba. Rabat ha reforzado su cooperación pesquera con Rusia. Moscú y Rabat mantienen acuerdos desde los años noventa, pero los contactos se han intensificado tras el vacío dejado por la UE.

Seguirán pescando en ese caladero las embarcaciones de China, Japón, Reino Unido y Rusia, países que han firmado acuerdos bilaterales de pesca con Marruecos sin importarles el estatus jurídico internacional de esas aguas. Dicho de otra manera: la UE se vio forzada por sus propios tribunales a dejar de pescar ilegalmente en aguas saharauis, y el resultado inmediato fue que Rusia y China ocuparon ese espacio sin ningún tipo de escrúpulo jurídico. El derecho internacional ganó una batalla simbólica y el expolio continuó sin pausa.

A nivel técnico, los estándares que tiene la Unión Europea no los tienen otras flotas, como pueden ser las rusas o las chinas. Se verían afectadas las poblaciones de peces, el medio ambiente y la sostenibilidad medioambiental. Lo cual añade una dimensión ecológica al problema: las flotas que ahora pescan en aguas saharauis no tienen las restricciones medioambientales europeas, lo que amenaza con un esquilme acelerado de unos caladeros que ya venían sometidos a presión durante décadas.

🐙 Lo que hay en tu plato y lo que no te cuentan

Hay algo en la historia de la pesca ilegal en aguas saharauis que resulta especialmente perturbador en su cotidianeidad: una parte significativa del pulpo, la merluza y el besugo que llega a los mercados europeos —y especialmente españoles— tiene su origen en un expolio que la justicia internacional ha declarado ilegal. A la UE no le interesa un acuerdo con Marruecos excluyendo al Sáhara, porque no pescaría prácticamente nada. Y eso, traducido al lenguaje del consumidor, significa que la etiqueta "producto de Marruecos" en el mostrador de la pescadería no siempre cuenta toda la historia.

El Instituto Español de Comercio Exterior publicaba en sus informes mapas de Marruecos que incluían el territorio del Sáhara Occidental, pese a que ningún Estado, ni siquiera España o Francia, reconoce la soberanía marroquí de los territorios saharauis. Una pequeña mentira cartográfica que refleja una mentira geopolítica mucho más grande: que el statu quo del Sáhara Occidental es aceptable, que el tiempo juega a favor de Marruecos y que nadie va a mover ficha mientras los caladeros sigan produciendo.

Para seguir la actualidad del caso con datos verificados, Western Sahara Resource Watch es la organización de referencia internacional en el seguimiento de la explotación de recursos saharauis, con informes periódicos sobre la cadena de suministro pesquera y los compradores internacionales. Y el análisis jurídico más riguroso en castellano puede consultarse en Política Exterior, que publicó una síntesis exhaustiva de las implicaciones legales de las sentencias del TJUE.

💭 Reflexión final

Hay una frase del representante del Frente Polisario que resume con una precisión brutal toda esta historia: lo que la UE ha hecho durante décadas en las aguas saharauis es "mantener la piratería marroquí". Que esa piratería haya sido legal durante años, que haya sido financiada con fondos europeos y que haya sido defendida por los mismos gobiernos que se llenan la boca con el estado de derecho y los derechos humanos es la mayor hipocresía geopolítica de la historia reciente de Europa. Y que ahora, con las sentencias en la mano, Bruselas ya esté buscando la manera de volver a negociar un acuerdo que sus propios tribunales han declarado ilegal dos veces dice todo lo que hay que saber sobre la jerarquía real de valores en la política exterior europea.

El Sáhara Occidental no es solo un conflicto político olvidado. Es un espejo donde Europa puede ver, si tiene el valor de mirarse, lo que realmente hace cuando los principios chocan con los intereses. ¿Crees que Europa debería reconocer el derecho del pueblo saharaui sobre sus recursos marinos, aunque eso suponga renunciar a uno de los caladeros más ricos del Atlántico? ¿O los intereses económicos siempre terminan ganando? Deja tu respuesta en los comentarios.

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✍️ Nota Editorial

En "La Verdad Compartida" creemos que los conflictos olvidados merecen la misma atención que los que ocupan portadas. El Sáhara Occidental lleva cincuenta años esperando que el mundo cumpla sus promesas. Nosotros no podemos resolver ese conflicto, pero sí podemos negarnos a ignorarlo. Gracias por leer hasta aquí. Compartes este artículo, compartes una verdad que muy pocos medios se atreven a contar con claridad.

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