馃挘 La Edad de la Dinamita: Cuando los Anarquistas Pusieron a Temblar a Reyes, Presidentes y al Mundo Entero
La primera oleada terrorista anarquista (1880-1920): magnicidios, dinamita y propaganda por el hecho. El origen del terrorismo moderno explicado.
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| La Edad de la Dinamita: Cuando los Anarquistas Pusieron a Temblar a Reyes, Presidentes y al Mundo Entero |
Introducci贸n
Antes de las Brigadas Rojas, antes del IRA, antes de Al Qaeda, hubo un hombre con una bomba, un pu帽al o una pistola convencido de que matar a un rey, un presidente o un primer ministro bastar铆a para despertar a las masas y derrumbar el orden capitalista. Se llamaban a s铆 mismos anarquistas, cre铆an en un mundo sin Estado ni autoridad, y durante cuatro d茅cadas —desde 1880 hasta bien entrados los a帽os veinte del siglo pasado— convirtieron Europa y Am茅rica en un tablero de ajedrez donde las piezas m谩s importantes ca铆an una tras otra. Fue la 茅poca de los magnicidios: reyes, presidentes de Francia y de Estados Unidos y varios presidentes del gobierno espa帽ol fueron asesinados por anarquistas. Fue la 茅poca de la dinamita y la pistola como formas de actuaci贸n pol铆tica. Rapoport la llam贸 la primera oleada terrorista, y ten铆a raz贸n: fue el laboratorio donde se inventaron casi todas las t茅cnicas, los dilemas morales y los debates sobre seguridad y libertad que seguimos teniendo hoy. La historia del terrorismo moderno empieza aqu铆.
馃Ж Nobel, la dinamita y el regalo envenenado de la modernidad
Para entender la primera oleada hay que entender por qu茅 fue posible precisamente en ese momento y no antes. La respuesta tiene nombre propio: Alfred Nobel. La invenci贸n de la dinamita en 1867 democratiz贸 la violencia de una manera que la historia no hab铆a visto jam谩s. Antes de la dinamita, para matar a un rey hac铆a falta un ej茅rcito o un acceso privilegiado a su persona. Despu茅s de la dinamita, hac铆a falta un pu帽ado de dinero, algunos conocimientos b谩sicos de qu铆mica y la determinaci贸n suficiente. Como se帽al贸 el historiador Benedict Anderson, con la dinamita de Nobel la violencia pol铆tica hizo su entrada definitiva en la pol铆tica moderna.
A esto se sum贸 otro factor que hoy nos resulta parad贸jicamente familiar: los nuevos medios de comunicaci贸n. El terrorismo en el concepto actual naci贸 hacia 1880, cuando los nuevos medios de informaci贸n empezaron a difundir los atentados y estos eran m谩s f谩ciles de realizar. El tel茅grafo y la prensa masiva hicieron que un atentado en Ginebra fuera noticia en Madrid al d铆a siguiente. Por primera vez en la historia, un acto de violencia pod铆a tener audiencia global casi instant谩nea. Los anarquistas entendieron eso antes que nadie, y lo convirtieron en el n煤cleo de su estrategia. Si un 谩rbol cae en el bosque y nadie lo oye, ¿ha ca铆do realmente? Para ellos, un atentado sin cobertura medi谩tica era un atentado desperdiciado.
El contexto social tampoco era inocente. Hacia fines del siglo XIX, militantes anarquistas guiados por el discurso ideol贸gico que predicaba la propaganda por el hecho fueron pioneros en las pr谩cticas terroristas. La perpetraci贸n de atentados realizados por actores individuales sobre v铆ctimas previamente seleccionadas ten铆a como prop贸sito generar un clima de temor en la sociedad para alcanzar fines pol铆ticos. Europa viv铆a la segunda revoluci贸n industrial: fortunas colosales acumuladas en pocas manos, millones de obreros en condiciones miserables, movimientos sindicales reprimidos con brutalidad. El anarquismo no naci贸 de la nada: naci贸 de una injusticia real y documentada. Lo que sus facciones m谩s violentas eligieron hacer con esa injusticia es otra historia.
馃摪 La "Propaganda por el Hecho": matar para que te escuchen
El concepto que vertebra toda la primera oleada es uno de los m谩s inquietantes y, en su l贸gica interna, m谩s coherentes de la historia del terrorismo: la propaganda por el hecho. La llamada propaganda por el hecho es una estrategia de propaganda anarquista basada en el supuesto de que el impacto de una acci贸n genera m谩s repercusiones, obtiene m谩s relevancia y es mucho m谩s eficaz que la simple palabra para despertar las energ铆as rebeldes del pueblo. Su puesta en pr谩ctica buscaba elevar un conflicto latente al grado de conflictividad expl铆cita, generando un elevado grado de incertidumbre social que obligara a la mayor铆a a salir de su indiferencia.
Traducido al lenguaje llano: no basta con escribir un panfleto explicando por qu茅 el capitalismo es injusto. Hay que hacer algo que nadie pueda ignorar. Un bombazo en el parlamento. Un rey muerto en la calle. Un presidente acribillado en una exposici贸n p煤blica. El acto de violencia era, en s铆 mismo, el mensaje. Y el mensaje dec铆a: el sistema que os dice que es invulnerable no lo es. Vuestros gobernantes no est谩n a salvo. Nada es permanente.
El Congreso Internacional Anarquista de Londres de 1881 aprob贸 una declaraci贸n que afirmaba la necesidad de a帽adir a la propaganda oral y escrita la propaganda por el hecho, se帽alando que era estrictamente necesario hacer todos los esfuerzos posibles para propagar esta idea. Era, en pocas palabras, la internacionalizaci贸n oficial del terrorismo como t谩ctica pol铆tica. Y funcion贸, al menos en t茅rminos de cobertura medi谩tica. Lo que no funcion贸, nunca, fue el objetivo de fondo: las masas no se levantaron. El capitalismo no se derrumb贸. Y los reyes y presidentes asesinados fueron reemplazados por otros reyes y presidentes en cuesti贸n de horas.
馃憫 El rosario de los ca铆dos: una d茅cada de magnicidios imparables
Lo que ocurri贸 entre 1880 y 1920 no tiene precedentes en la historia moderna en t茅rminos de densidad de magnicidios exitosos. Las d茅cadas finales del siglo XIX y las primeras del XX est谩n plagadas de atentados anarquistas cometidos sobre todo contra grandes personalidades de la historia, tanto miembros de las viejas realezas y noblezas como contra las figuras destacadas de la pol铆tica de la 茅poca. En toda Europa puede observarse dicha oleada de atentados, desde los fallidos contra Guillermo I de Alemania en 1878, pasando por el atentado contra el zar Alejandro II de Rusia en 1881, el de Antonio C谩novas del Castillo en 1897, el de Isabel de Baviera en 1898, hasta el cometido contra Humberto I de Italia en 1900.
Cada uno de esos nombres merece un p谩rrafo propio. El zar Alejandro II fue volado con una bomba en las calles de San Petersburgo en 1881, despu茅s de sobrevivir a varios intentos previos, por el grupo nihilista Nar贸dnaya Volia. La emperatriz Sissi, el personaje m谩s rom谩ntico y tr谩gico de los Habsburgo, fue apu帽alada con una lima de u帽as afilada por el anarquista italiano Luigi Lucheni en Ginebra en 1898. Lucheni la eligi贸 porque la consideraba representante del Estado y miembro de la clase dominante que deb铆a eliminarse para lograr la revoluci贸n. Que Sissi era precisamente una de las figuras m谩s cr铆ticas con el formalismo del Imperio Austro-H煤ngaro y m谩s querida por los pueblos sometidos no pareci贸 importarle demasiado.
Espa帽a tuvo el dudoso honor de ser el pa铆s europeo m谩s golpeado por el terrorismo anarquista de esta 茅poca. Cayeron dos presidentes del gobierno: Antonio C谩novas del Castillo fue asesinado el 8 de agosto de 1897 por Michele Angiolillo, figura clave en la pol铆tica espa帽ola. Y el 8 de marzo de 1921, tres anarquistas asesinaron a tiros al jefe del gobierno Eduardo Dato desde una motocicleta en la Puerta de Alcal谩 de Madrid. Una t茅cnica —el asesinato desde un veh铆culo en movimiento— que el terrorismo del siglo XX seguir铆a usando durante d茅cadas.
Y luego estaba Estados Unidos. El 6 de septiembre de 1901, el presidente William McKinley fue asesinado por el anarquista Leon Czolgosz, hijo de inmigrantes polacos, mientras saludaba al p煤blico en la Exposici贸n Panamericana de Buffalo. Czolgosz se hab铆a interesado por el anarquismo tras perder su empleo. Tras recibir los disparos, McKinley muri贸 ocho d铆as despu茅s a causa de una gangrena provocada por las heridas. Fue el tercer presidente estadounidense asesinado en treinta y seis a帽os. Que ning煤n pa铆s, por poderoso que fuera, estaba a salvo era ya una evidencia dif铆cil de refutar.
馃挜 Wall Street, 1920: el primer coche bomba de la historia
Si hay un atentado que cierra la primera oleada con una brutalidad que anticipaba todo lo que vendr铆a despu茅s, ese es el de Wall Street del 16 de septiembre de 1920. Una oleada de muerte barri贸 Wall Street llev谩ndose por delante la vida de 38 personas y provocando 400 heridos, 150 graves. La investigaci贸n policial estableci贸 que un mecanismo de relojer铆a muy bien ajustado hab铆a hecho estallar una carga de 45 kilos de dinamita y 230 kilos de metralla casera formada por peque帽os pesos de acero. Hab铆a deflagrado el primer coche bomba de la Historia.
El fiscal de distrito adjunto de Nueva York se帽al贸 que el momento, el lugar y el m茅todo empleado apuntaban a Wall Street y JP Morgan como los objetivos de la bomba, lo que suger铆a que hab铆a sido colocada por oponentes radicales al capitalismo. Las sospechas apuntaban a los galleanistas, seguidores del anarquista italiano Luigi Galleani. El atentado desencaden贸 las llamadas Palmer Raids, redadas masivas contra inmigrantes y radicales de izquierda en todo el pa铆s, que alcanzaron la cifra de unas trescientas personas detenidas en una sola noche. El crimen nunca fue oficialmente resuelto. Pero su legado s铆 fue permanente: la t茅cnica del coche bomba, perfeccionada en Wall Street, se convertir铆a en una de las herramientas m谩s letales del terrorismo del siglo XX, desde el IRA en Belfast hasta Al Qaeda en Nairobi.
El atentado de Wall Street es tambi茅n, en cierto sentido, el s铆mbolo m谩s elocuente del fracaso estrat茅gico de la primera oleada: un ataque devastador contra el coraz贸n financiero del capitalismo mundial que no derrumb贸 ning煤n banco, no liber贸 a ning煤n obrero y solo sirvi贸 para legitimar una represi贸n que destruy贸 durante d茅cadas cualquier movimiento radical de izquierda en Estados Unidos. La propaganda por el hecho, en su acto m谩s ambicioso, se dispar贸 en el pie.
馃實 Una red global antes de internet
Uno de los aspectos menos conocidos de la primera oleada es hasta qu茅 punto fue un fen贸meno genuinamente internacional, con sus propias redes de comunicaci贸n, financiaci贸n y apoyo mutuo que funcionaban d茅cadas antes de que existiera ninguna tecnolog铆a de comunicaci贸n global.
Tras los atentados contra el k谩iser alem谩n en 1878, el c贸nsul italiano en Ginebra inform贸 a Roma de la supuesta intenci贸n de los revolucionarios de distintos pa铆ses de atentar contra soberanos y ministros, y al a帽o siguiente comunic贸 que Le R茅volt茅, que se editaba en Ginebra y actuaba como 贸rgano de coordinaci贸n internacional de los anarquistas, recib铆a financiaci贸n de los revolucionarios rusos. Ginebra, Londres y Par铆s eran los grandes nodos de esa red internacional, aprovechando las libertades que las democracias occidentales ofrec铆an a los exiliados pol铆ticos. Una iron铆a que los propios anarquistas no parec铆an apreciar del todo: el sistema que quer铆an destruir era el 煤nico que les permit铆a organizarse libremente para destruirlo.
Lo m谩s inquietante de esa red, desde la perspectiva actual, es lo que revela sobre la naturaleza del radicalismo violento: entonces como ahora se destacaba que j贸venes desarraigados de comunidades crecientes de inmigrantes hab铆an sido radicalizados por predicadores de una ideolog铆a extremista y atra铆dos a la violencia. Czolgosz, el asesino de McKinley, era hijo de inmigrantes polacos que hab铆a perdido su empleo. Lucheni, el asesino de Sissi, era un hu茅rfano italiano criado en la pobreza. La primera oleada no fue un movimiento de intelectuales con teor铆as elaboradas: fue, en su capa m谩s activa y violenta, el producto de vidas rotas buscando una causa que les diera sentido.
⚰️ El final inesperado: Sarajevo y el relevo de la historia
La primera oleada no termin贸 con una gran derrota policial ni con el desencanto ideol贸gico de sus militantes. Termin贸, de manera bastante ir贸nica, porque la historia la super贸 por la derecha. El atentado m谩s importante de esta 茅poca, el de Sarajevo, no fue anarquista sino que lo cometieron nacionalistas serbios. Este atentado anticipaba la segunda ola terrorista.
El 28 de junio de 1914, el joven Gavrilo Princip dispar贸 contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo. No era anarquista: era nacionalista serbio, miembro de la Mano Negra. Pero us贸 exactamente el manual de la primera oleada: un individuo, una pistola, un objetivo simb贸lico. La diferencia fue que esta vez el efecto domin贸 no fue una huelga general que nunca lleg贸 sino la Primera Guerra Mundial, que mat贸 a veinte millones de personas en cuatro a帽os y redibuj贸 el mapa del mundo entero. El terrorismo de la primera oleada hab铆a so帽ado con derrumbar el orden capitalista con bombas y pistolas. Lo que derrumb贸 ese orden, finalmente, fue una guerra industrial de una escala que ning煤n anarquista hab铆a imaginado.
Cuando la guerra termin贸 y el mundo intent贸 recomponerse, la primera oleada ya era historia. El atentado de Wall Street de 1920 fue su 煤ltimo zarpazo significativo. Los debates pol铆ticos de la posguerra estaban dominados por fuerzas nuevas: el comunismo sovi茅tico, el fascismo emergente, los movimientos de descolonizaci贸n. El anarquismo como fuerza pol铆tica de masas nunca se recuper贸. Qued贸 como idea filos贸fica, como tradici贸n intelectual, como inspiraci贸n est茅tica para generaciones de j贸venes que encontraban atractiva su cr铆tica al poder sin querer cargar con el peso de sus bombas.
馃挱 Reflexi贸n final
Hay algo en la primera oleada que resulta extra帽amente contempor谩neo si uno sabe d贸nde mirar. La radicalizaci贸n de j贸venes desarraigados por predicadores de ideolog铆as extremistas, las redes transnacionales de comunicaci贸n y apoyo mutuo, el uso de la violencia espectacular para captar la atenci贸n medi谩tica, la tensi贸n entre seguridad y libertades civiles en la respuesta del Estado, el debate sobre si la injusticia social justifica la violencia. Todo eso estaba ya en 1880. Todo eso sigue estando en 2025.
La primera oleada fracas贸 en sus objetivos. Pero antes de fracasar invent贸 el terrorismo moderno, con sus m茅todos, sus dilemas y sus contradicciones. Y dej贸 una pregunta que ninguna de las oleadas siguientes ha terminado de responder: ¿puede la violencia de unos pocos convencidos cambiar el mundo, o solo consigue endurecer el mundo que pretende cambiar? La historia de los 煤ltimos ciento cincuenta a帽os parece inclinarse hacia la segunda respuesta. Pero cada generaci贸n, al parecer, necesita comprobarlo por s铆 misma.
¿Crees que la primera oleada terrorista tiene algo que ense帽arnos sobre el radicalismo violento de hoy? ¿O la historia es demasiado diferente para que las comparaciones tengan sentido? Deja tu opini贸n en los comentarios: en "La Verdad Compartida" las preguntas inc贸modas siempre son bienvenidas.
馃摙 CALL TO ACTION
Con este art铆culo "La Verdad Compartida" completa la pentolog铆a completa de las oleadas terroristas de Rapoport. Si has llegado hasta aqu铆, ya tienes en la mano el mapa completo del terrorismo moderno desde 1880 hasta hoy. Comparte el art铆culo, explora el resto de la serie en el blog y, si quieres seguir recibiendo este tipo de an谩lisis, suscr铆bete. La historia no termina nunca, y nosotros tampoco.
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✍️ Nota Editorial
Con este art铆culo "La Verdad Compartida" cierra una pentolog铆a que comenz贸 con el caso Moro y ha recorrido ciento cincuenta a帽os de terrorismo moderno de principio a fin. Ha sido un viaje largo, inc贸modo y necesario. Gracias por acompa帽arnos hasta aqu铆: lectores como t煤 son la raz贸n por la que este blog existe. La misi贸n siempre ha sido la misma: entender el mundo sin miedo a las preguntas que no tienen respuesta f谩cil. Hay mucho m谩s por explorar. Seguimos.

Muy interesantes estos art铆culo, espero m谩s, buen trabajo.
ResponderEliminarMuchas gracias, lo intentaremos.
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