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| Ilustración que representa la inestabilidad política en Perú con ocho presidentes destituidos o renunciados en diez años |
Introducción
Perú acaba de batir un récord que nadie quiere. El Congreso destituyó al presidente José Jerí —apenas 130 días después de que asumiera el cargo— convirtiéndolo en el séptimo mandatario caído en diez años. Su sucesor será el octavo. Para ponerlo en perspectiva: en ese mismo período, Alemania ha tenido dos cancilleres y Japón... bueno, Japón es Japón. Lo de Perú no es una crisis política, es un sistema que ha hecho de la destitución presidencial su deporte nacional. Y esta vez, el escándalo tiene nombre propio: el Chifagate.
🥟 El Chifagate: cuando un ceviche fusión te cuesta la presidencia
Todo empezó con un video nocturno. Medios locales obtuvieron imágenes del mandatario llegando tarde por la noche a un restaurante para reunirse con Zhihua Yang, un empresario chino cuya empresa había recibido aprobación del gobierno para construir una central hidroeléctrica. Hasta ahí, podría parecer una anécdota gastronómica. El problema es que Jerí llegó vestido con una capucha y sin registro formal, y que la fiscalía abrió una investigación por presunto tráfico de influencias tras conocerse los detalles de esas citas clandestinas.
La explicación del presidente fue, como mínimo, memorable: dijo que se reunió porque quería coordinar una festividad de amistad peruano-china y que simplemente tenía ganas de comer comida china y comprar caramelos. Con ese argumento intentó convencer al Congreso. No funcionó.
💼 Las contrataciones que nadie quiso explicar
El Chifagate fue la chispa, pero el barril de pólvora ya estaba lleno. Un reportaje del programa Cuarto Poder reveló que jóvenes profesionales que ingresaron al despacho presidencial —en algunos casos en días feriados o en horarios nocturnos— posteriormente obtuvieron contratos con el Estado con remuneraciones que alcanzaron hasta los 3.000 dólares. Nueve mujeres en total, según la fiscalía, que abrió una segunda investigación por tráfico de influencias agravado.
Antes de asumir la presidencia, Jerí ya cargaba con un incremento de su patrimonio personal superior al 1.000% en 2024, luego de tres años como parlamentario. Ese dato, que habría encendido todas las alarmas en cualquier sistema político sano, pasó casi inadvertido cuando llegó al poder. En Perú, a veces la memoria institucional dura menos que un gobierno.
🗳️ 75 votos, 130 días, fin del mandato
El 17 de febrero de 2026, el Congreso convocó un pleno extraordinario. La sesión se prolongó desde las 10:00 hasta después de las 14:20 horas y concluyó con la aprobación de la moción de censura por 75 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones.
Jerí intentó que lo sacaran por la puerta grande —es decir, mediante una vacancia, que requiere más votos (87) y es el mecanismo constitucional habitual para un jefe de Estado—. No lo logró. La censura lo expulsó como presidente del Congreso y, automáticamente, como jefe del Ejecutivo, ya que había llegado al cargo precisamente por esa vía de sucesión constitucional.
Afuera del Congreso, según recoge La Nación, al menos medio centenar de personas estalló de júbilo al enterarse de la destitución, algunos cargando un ataúd de cartón con el retrato del expresidente. La calle, esta vez, celebraba la caída de su propio presidente.
🔄 El carrusel de presidentes: una enfermedad sistémica
Lo de Jerí no es un accidente. Es el síntoma más reciente de una patología política que afecta a Perú desde hace una década. Ollanta Humala, quien gobernó entre 2011 y 2016, fue el último mandatario que logró completar un período entero. Desde entonces, la lista es mareante: Kuczynski renunció, Vizcarra fue destituido, Merino duró cinco días, Sagasti completó la interinidad, Castillo intentó un autogolpe y fue derrocado, Boluarte llegó y cayó también, y ahora Jerí.
Como señala el analista Daniel Zovatto en El Español: "La política peruana ha entrado en un auténtico círculo vicioso institucional. La excepción se ha convertido en regla."
El mecanismo de "incapacidad moral permanente" —figura jurídica tan ambigua como potente— se ha convertido en el instrumento favorito del Congreso para remover presidentes que incomodan, sea por razones legítimas o por puro cálculo político. El problema es que cuando todo puede ser "incapacidad moral", nada lo es realmente, y la herramienta pierde credibilidad.
⚖️ ¿Justicia o ajuste de cuentas político?
Que Jerí tenía un expediente turbio es innegable. Investigaciones fiscales, contrataciones cuestionadas, patrimonio inexplicable. Pero también es justo señalar que muchos ciudadanos consideraron el proceso más político que jurídico. El Congreso peruano ha demostrado en repetidas ocasiones que la figura de la vacancia o censura puede activarse según la conveniencia de las mayorías parlamentarias, no necesariamente según la gravedad de los hechos.
En un país que se dirige a elecciones el 12 de abril de 2026, la destitución de Jerí también tiene un sabor electoral. Quien presida el Congreso ahora presidirá el país hasta que llegue el nuevo mandatario. Eso no es un detalle menor.
🧭 Reflexión final: ¿democracia o ruleta rusa institucional?
Perú tiene elecciones en dos meses. El nuevo presidente —el octavo en diez años— gobernará apenas unos meses hasta que tome el relevo el ganador de las urnas. El sistema político peruano no está roto de improviso: lleva años fragmentándose en cámara lenta, mientras los ciudadanos acumulan presidentes como quien colecciona sellos, pero con mucha menos satisfacción.
La pregunta que queda en el aire no es si Jerí merecía ser destituido. La pregunta más incómoda es: ¿puede una democracia funcionar cuando la destitución presidencial se ha normalizado como mecanismo político ordinario? ¿O estamos ante un Congreso que ejerce un poder sin contrapesos reales, capaz de hacer y deshacer presidencias a conveniencia?
Perú merece algo más que otro capítulo en este carrusel. Sus ciudadanos, también.
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🔗 Tres temas relacionados
- La figura de "incapacidad moral permanente" en Perú — cómo una figura jurídica vaga se convirtió en el arma política más poderosa del Congreso.
- La caída de Dina Boluarte (octubre 2025) — el eslabón anterior en la cadena de destituciones que abrió paso a Jerí.
- El caso Odebrecht en Perú — el escándalo de corrupción que inició la espiral de inestabilidad política en 2018 con la caída de Kuczynski.
📝 Nota Editorial
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