La captura de Maduro y el regreso del viejo orden: Washington vuelve a marcar territorio

Captura de Maduro reordena el poder en América Latina: EE.UU. reafirma dominio, China expone límites geopolíticos.

Mapa de América Latina con símbolos de Estados Unidos y China enfrentados, destacando a Venezuela como punto de tensión geopolítica.

La caída de Nicolás Maduro no solo cerró un ciclo político en Venezuela: reordenó el tablero hemisférico de una manera que pocos analistas se atrevieron a anticipar. La operación estadounidense —quirúrgica, unilateral y ejecutada sin pedir permiso a nadie— dejó al descubierto una verdad incómoda para quienes hablaban del “declive” de Estados Unidos: el poder real no se mide en discursos, sino en capacidad de acción.

Durante años, la narrativa dominante insistió en que China avanzaba de forma imparable en América Latina, que su influencia económica era irreversible y que Washington había perdido el control de su propio vecindario. Pero la captura de Maduro, realizada mientras una delegación china estaba en Caracas, rompió esa ilusión de golpe. Pekín quedó expuesto: mucha inversión, mucha retórica, pero cero capacidad de proteger a su principal aliado político en la región.

La escena fue simbólica y brutal. China observó. Estados Unidos actuó. Y en geopolítica, quien actúa manda.

El límite de la influencia china

La reacción china fue lenta, burocrática, casi resignada. No hubo condenas fuertes, ni amenazas, ni movimientos militares. Solo declaraciones diplomáticas que confirmaron lo que muchos sospechaban: la presencia china en América Latina es profunda, pero no es estructural. Depende de gobiernos frágiles, endeudados y aislados. Cuando uno de ellos cae, Pekín no tiene cómo sostenerlo.

La captura de Maduro dejó claro que la influencia china tiene un techo: no puede competir con la capacidad coercitiva, militar y logística de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

Washington vuelve a marcar el perímetro

La operación fue también un mensaje hacia adentro del continente. Un recordatorio de que, más allá de los cambios políticos internos, Estados Unidos sigue siendo el árbitro final de la región. No por ideología, sino por estructura: bases militares, alianzas históricas, control financiero, inteligencia, logística, tratados, y un aparato estatal que puede ejecutar decisiones en horas.

La captura de Maduro no fue solo un golpe contra un régimen. Fue una demostración de fuerza dirigida a tres audiencias:

  1. A los gobiernos latinoamericanos: “El orden hemisférico sigue siendo nuestro”.

  2. A China: “Tu influencia aquí tiene límites”.

  3. A la opinión pública global: “El declive estadounidense es un mito útil, no una realidad”.

El eco global: Taiwán y la pregunta incómoda

En redes chinas, la operación desató un debate inesperado: si Estados Unidos puede actuar así en Caracas, ¿qué impediría una acción similar en el estrecho de Taiwán?

La pregunta no es retórica. Es un síntoma del impacto psicológico que tuvo la caída de Maduro en la percepción del poder global.

Un continente que vuelve al péndulo

América Latina, una vez más, se encuentra atrapada entre dos fuerzas: la promesa económica china y la realidad estratégica estadounidense. La captura de Maduro no resolvió esa tensión, pero sí la redefinió.

Hoy, el mensaje es claro: China puede invertir. Estados Unidos puede intervenir. Y en geopolítica, la intervención pesa más que la inversión.

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