Conflicto de las islas Kuriles entre Rusia y Japón desde 1945: historia, posiciones y geopolítica que mantiene el conflicto congelado.
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| Las islas Kuriles entre Rusia y Japón: By LudovicoJosefo - Own work, CC BY-SA 4.0, |
1. Introducción
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de islas volcánicas en el extremo noreste de Asia ha sido el centro de una disputa territorial que sigue sin resolverse: las islas Kuriles. Este archipiélago, que se extiende entre la península de Kamchatka en Rusia y la isla japonesa de Hokkaido, no solo es estratégico por su ubicación, sino también rico en recursos naturales, lo que ha elevado su valor en el tablero geopolítico.
A lo largo de más de 80 años, Rusia y Japón han mantenido posiciones firmes y, a pesar de algunos intentos de negociación, el conflicto permanece “congelado”. La pregunta que guía esta historia es simple pero profunda: ¿por qué, después de tanto tiempo, este conflicto sigue sin resolverse? Para entenderlo, es necesario recorrer su historia, desde los primeros tratados hasta la actualidad, y analizar cómo la política, la guerra y la estrategia regional han moldeado esta disputa aparentemente interminable.
2. Historia del Conflicto
El origen del conflicto por las Kuriles se remonta al siglo XIX, cuando Japón y Rusia comenzaron a delinear sus fronteras en el Pacífico Norte. El Tratado de Shimoda de 1855 asignó las islas del sur a Japón y dejó las del norte bajo control ruso, estableciendo la primera base legal de la soberanía compartida. Dos décadas más tarde, el Tratado de San Petersburgo de 1875 redefinió esta división: Japón cedió toda la cadena de las Kuriles a cambio de la isla de Sajalín, consolidando así su presencia territorial.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la dinámica cambió drásticamente. En el Acuerdo de Yalta de 1945, los Aliados permitieron que la Unión Soviética ocupase las Kuriles tras derrotar a Japón. En agosto de ese mismo año, la invasión soviética expulsó a los habitantes japoneses, consolidando el control de Moscú sobre el archipiélago. Poco después, Japón renunció oficialmente a las Kuriles en el Tratado de San Francisco de 1951, aunque nunca reconoció la soberanía soviética o rusa sobre las cuatro islas más al sur: Kunashiri, Etorofu, Shikotán y Habomai, conocidas hoy como los “Territorios del Norte”.
Estas decisiones históricas sentaron las bases del conflicto moderno: un territorio estratégico, codiciado y disputado, cuyo control ha sido fuente de tensiones constantes entre Rusia y Japón. La historia de estas islas no es solo una lección de tratados y guerras; es la narrativa de cómo la geopolítica puede congelar un conflicto por generaciones.
3. Posiciones de las Partes
El conflicto de las Kuriles no es solo histórico, sino también profundamente político y emocional para ambas naciones. Cada parte mantiene una postura firme basada en su narrativa nacional y su interpretación de la historia.
Japón considera que las cuatro islas del sur —Kunashiri, Etorofu, Shikotán y Habomai— son parte inherente de su territorio histórico. Para Tokio, la recuperación de estas islas es una condición clave para firmar un tratado de paz con Rusia, ausente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La posición japonesa se basa en la idea de que la cesión forzada tras la ocupación soviética fue ilegítima y que la soberanía japonesa sobre estas islas nunca debió haberse perdido.
Por su parte, Rusia, heredera de la Unión Soviética, defiende que las Kuriles son un “botín legítimo de guerra” y un componente natural de su región de Sajalín. La Constitución rusa de 2020 refuerza esta postura, prohibiendo la cesión de estas islas a otro país. Para Moscú, cualquier concesión sería una vulneración de su soberanía y un precedente peligroso para su integridad territorial.
A pesar de estas diferencias irreconciliables, ambos países han buscado, de manera limitada, formas de cooperación. Japón y Rusia permiten visitas sin visa para exresidentes japoneses y han desarrollado algunos proyectos económicos conjuntos, especialmente en pesca y comercio local. Sin embargo, estas iniciativas no han logrado superar la barrera política que mantiene la disputa congelada: cooperación práctica sin resolución territorial.
Esta dualidad de posiciones explica por qué, después de más de ocho décadas, las Kuriles siguen siendo un territorio en disputa, donde la historia, la política y la percepción nacional se entrelazan para mantener un conflicto aparentemente imposible de resolver.
4. Desarrollos Recientes
Aunque las Kuriles han estado bajo disputa durante décadas, los últimos años han visto un aumento en la militarización y las tensiones geopolíticas que mantienen el conflicto visible en la agenda internacional. Desde 2015, Rusia ha reforzado su presencia en el archipiélago, construyendo bases militares y sistemas de defensa cerca de Hokkaido, la isla japonesa más próxima. Esta consolidación no solo protege su soberanía de facto, sino que también sirve como una plataforma estratégica en el Pacífico Norte.
En 2022, las relaciones se tensaron aún más cuando Rusia suspendió las negociaciones de paz, tras sanciones impuestas por Japón en respuesta a la invasión rusa de Ucrania. Moscú respondió con ejercicios militares que involucraron miles de tropas, dejando claro que no cedería a presiones externas. Durante 2024 y 2025, la situación se mantuvo tensa: maniobras militares rusas continuaron, mientras Japón respondió con vuelos de cazas en la zona y vigilancia constante de las islas, en un pulso silencioso pero evidente. La influencia de la alianza Rusia-China también ha complicado las dinámicas regionales, dado que China ha participado en ejercicios conjuntos con Rusia, consolidando la presencia estratégica de Moscú en el área.
Hasta febrero de 2026, la situación sigue sin cambios significativos. Las Kuriles permanecen “congeladas”: Rusia refuerza su control territorial, mientras Japón mantiene su reclamo histórico sin encontrar una vía efectiva para revertir la situación. Este estancamiento evidencia que, aunque las tensiones son palpables, ambos países buscan evitar un conflicto abierto, manteniendo una frágil estabilidad que solo sirve para prolongar la disputa.
5. Implicaciones Geopolíticas
El conflicto por las Kuriles no es solo una disputa histórica entre Rusia y Japón; su relevancia se extiende a la geopolítica regional e incluso global. Estas islas controlan rutas marítimas estratégicas que conectan el Pacífico con el Ártico y son ricas en recursos naturales, incluyendo pesca abundante y posibles reservas de hidrocarburos, lo que aumenta su valor económico y militar.
Además, el conflicto atrae la atención de terceros actores. La invasión rusa a Ucrania ha influido en la postura internacional respecto a las Kuriles: Ucrania reconoce la reclamación japonesa, y Estados Unidos mantiene consultas con Tokio sobre la militarización rusa, evidenciando cómo la disputa se entrelaza con alianzas y tensiones globales. Por su parte, China ha ganado influencia mediante ejercicios militares conjuntos con Rusia, consolidando su presencia indirecta en la región y complicando el equilibrio de poder en Asia Oriental.
En este contexto, las Kuriles no son solo un territorio en disputa, sino un punto crítico de la geopolítica contemporánea. Su control afecta la seguridad regional, la explotación de recursos y las relaciones internacionales de los países vecinos y las grandes potencias. El estancamiento actual refleja que, aunque la historia es el origen del conflicto, son las intereses estratégicos y económicos los que continúan manteniéndolo “congelado” hasta hoy.
6. Conclusión
El conflicto por las islas Kuriles entre Rusia y Japón es un ejemplo claro de cómo la historia, la política y la geopolítica pueden entrelazarse para prolongar una disputa durante décadas. Desde los primeros tratados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial y la ocupación soviética, las decisiones históricas sentaron las bases de un conflicto que sigue vigente más de 80 años después.
Las posiciones firmes de ambos países, sumadas a los desarrollos recientes —militarización rusa, tensiones regionales y la influencia de terceros actores como China y Estados Unidos— mantienen el conflicto “congelado”. A pesar de acuerdos parciales, visitas sin visa y proyectos económicos conjuntos, la soberanía de las islas sigue siendo un punto de fricción insalvable.
El caso de las Kuriles demuestra que no todos los conflictos territoriales encuentran solución rápida; algunos se prolongan, reflejando intereses estratégicos, recursos naturales y orgullo nacional. Mientras Rusia refuerza su control y Japón mantiene su reclamo histórico, las Kuriles seguirán siendo un territorio clave en la política internacional del Pacífico Norte, un recordatorio de que la historia y la geopolítica pueden mantener vivos los conflictos por generaciones.
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